Se quejaba la madre de uno de los novilleros que ha toreado en Algemesí de que el público no apoyó a su hijo como en anteriores ocasiones. Y creo yo que la historia no va con su vástago sino que es cosa del ambiente general. ¿Será un cambio en la actitud y los gustos del público? Si echamos un vistazo general a la composición de la plaza, comprobaremos que la masificación de “cadafales jóvenes” de los últimos años ha provocado que las gradas hayan dejado paso a los bancos, y que la rivalidad que existía cuando sólo dos o tres peñas pugnaban por el título de más sonoras de la fiesta –caso de Pataes, Alí Galló o P.T.O.- se haya diluido hasta el extremo de que ya nadie corea su propio nombre. Tampoco hay guerra de aplausos entre el sol y la sombra, ni “xinxols” para merendar. En el parque los cadafaleros se han transformado en camareros prestos a servir comidas y bebidas al gusto, y las casetas se han convertido en el punto de encuentro predilecto del público. Es decir, que se ha impuesto la comodidad y la tranquilidad en la plaza, y ya nadie espera el momento de la corrida para “pasárselo bomba” con independencia de lo que ocurra en el ruedo. Ahora, el mayor sobresalto que puedes llevarte es que te explote uno de los miles de petardos que tiran los chiquillos por la calle, costumbre que antes sólo se ponía en práctica por Fallas. Sí, las modas parecen estar cambiando en la “Semana de Bous”, y no todas cambian para bien.¿Qué tiene que ver todo esto con la becerrada de ayer? Pues que en otros tiempos los chavales hubiesen sentido el calor y el apoyo de este pueblo, máxime con la cantidad de cosas interesantes que hicieron. Muy firme y variado se mostró Román, cada día más curtido; con sentido del temple y mucho gusto Mario Julián; y decidido y tesonero Cristián Climent, que todavía atesora muy corto bagaje. Bien por ellos, a pesar de la frialdad de los tendidos.
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| Foto: Juan Antonio García |
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