Injusto final
Por José Antonio del Moral 15/07/2010
 
Malos jandillas en la última corrida de San Fermín.
avance La tómbola que hemos tenido instalada en el palco de la plaza de toros de Pamplona, siguió dando premios hasta el último día. A Castella le concedió dos orejas del todo exageradas. Castella se presentó en la vieja Iruña hecho un “clochard” con un vestido, ceniza de puro y pasamanería negra, realmente horripilante. Y se encontró con el único toro de Jandilla que salió bueno: un precioso salpicao muy noble y con calidad, pero algo justo de fuerza. Dos series apañaditas con la mano izquierda y el toreo de cercanías habitual en Castella. Pero de ningún modo fue una faena de dos orejas. Y el palco se las concedió.


Castella se ha convertido en un torero mecánico y previsible que siempre hace la misma faena. Y ayer estuvo muy por debajo de un toro muy noble y con muchas más posibilidades. Pero donde vimos verdaderamente mal a Castella, fue en el quinto de la tarde. Era un toro muy complicado que embestía dando cabezazos y con mucho sentido por el pitón derecho. El toro le desbordó porque no se decidió a bajar la mano y a poder con él. La faena fue un desastre lleno de enganchones. Y cuando Castella se puso por el pitón derecho, pitón por donde el toro tenía peligro, fue prendido de manera horrorosa. Mala tarde la de Castella a pesar de la Puerta Grande de regalo.

Miguel Ángel Perera, por el contrario, tuvo ayer una actuación muy firme. Su primero era un toro de embestida desigual: tan pronto embestía bien como mal. Una arrancada buena y a la siguiente se frenaba. Perera, muy asentado, le sacó muletazos muy largos. Y, a pesar de que mató bien, no hubo ninguna petición del público, cosa sorprendente. Y en el sexto también estuvo muy bien. Era un toro casi parado y enseguida venido a menos. Perera, muy templado, le sacó muchos muletazos largos y cadenciosos. Mostró gran firmeza y soltura. Una lástima los dos pinchazos y la estocada baja. Pero la impresión que ha dejado Perera en Pamplona ha sido muy buena.

Teniendo en cuenta que venía herido por la cornada del lunes, debería haberse sacado a saludar al Juli al finalizar el paseíllo. Era un gesto de torero macho torear hoy en Pamplona en esas condiciones. Pero hubo total indiferencia, lo que define muy bien la dudosa afición del público de Pamplona. El Juli no pudo hacer absolutamente nada. Su primero era un toro gordo como un cerdo, que se paró muy pronto. Y su segundo se rajó prácticamente desde el principio.

Igual que hay espárragos “cojonudos”, también hay toros “cojonudos”. Pamplona es la Feria del Toro Cojonudo, tanto en presentación como en juego. Pero la corrida de Jandilla de ayer falló. Falló en presentación, con un toro feísimo, el primero de la tarde, que parecía un sapo. Quizá el toro más feo que he visto en mi vida. Y el resto de la corrida muy desigual. Solo un toro tenía auténtico trapío: el precioso salpicao al que Castella cortó las dos orejas. Y de juego, los Jandillas tampoco fueron una maravilla. Salvo ese salpicao, el resto fueron muy rajados y se vinieron muy pronto abajo. Y uno, el quinto, tuvo auténtico peligro.

Un borrón de última hora de una Feria en que los toros han estado magníficamente presentados y han embestido muchísimos. Una pena. Esperemos que al año que viene se quite la tómbola del Palco y se subsanen las irregularidades en cuanto a ganaderías. Las ganaderías de la Feria del Toro, las ocho, tienen que tener una presentación irreprochable. TODAS.
Más información en la web http://www.detorosenlibertad.com

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