| |
Paco Ibañez Piris. In Memoriam.
Por Francisco Picó 29/05/2009 |
| |
La Fiesta Nacional pierde a uno de los más grandes aficionados.
El pasado día 29 de mayo cuando a muy temprana hora de la mañana sonó el teléfono, pensé que nada bueno podía esperar.
Era Amparito, la hija de Paco Ibáñez, que entre sollozos, me comunicó la muerte de su padre. Me puse a llorar. Mis sollozos se unieron a los suyos. La propia Amparito trató de darme ánimos. Ella, su madre, su hermano y toda la familia, son sabedores del cariño tan grande que profesaba a Paco.
Hace apenas un mes, exactamente el día 3 de mayo cuando se celebraba la última corrida de la feria de abril de Sevilla, Paco sufrió un desvanecimiento ante el televisor. Se avisó al Samu y lo ingresaron en el hospital La Ribera de Alcira.
Paco Domínguez, mi esposa y yo lo visitamos. Allí estaba el fiel Rimas, un lituano a quien Paco acogió hace unos años y que ahora ha demostrado su gratitud hasta el último día.
En días posteriores se sucedieron llamadas telefónicas para saber de su estado. Su abnegada esposa, Amparo, nos decía: está algo mejor. Incluso toma ya alimentos.
Nada hacía presagiar un empeoramiento tan rápido, a pesar de ser conscientes de que el Parkinson y una enfermedad degenerativa lo había deteriorado físicamente.
Han sido muchos años de amistad. He compartido con él infinidad de actos. En su restaurante Los Olivos del Faro de Cullera han tenido lugar la celebración de las bodas de mis tres hijas. Tambíen los 60 años de Monique mi esposa, y los primeros 70 míos.
Hemos viajado juntos a muchos sitios entre ellos a Francia.
Paco era la persona más dinámica y emprendedora que he conocido jamás.
En el último viaje a Tarascón se ocupó, como siempre, de la intendencia. En el autobús no faltaba nada: bocadillos de lo que pidieras, cervezas, vino, agua mineral, colas, café, leche. Repito no faltaba nada.
El día que teníamos que regresar a Valencia, se me acercó preocupado en el hotel para decirme: Paco tenemos un problema. No queda pan para el regreso.
No te preocupes tocayo le dije. Aunque hoy es domingo vamos a una “boulangerie” y tendremos todo el pan que queramos.
Así fue que la señora que regentaba el establecimiento francés fue cortando las "baguettes" a nuestro gusto. Paco estaba feliz.
Tanto a la ida como a la vuelta del viaje, no paraba con el micrófono. Contaba chistes, gastaba bromas, todo el mundo estaba encantado.
De vez en cuando nuestra encantadora y buena amiga Lina le pedía el micro, Unas veces era para darle las gracias a la Virgen con una oración, al tiempo que pedía que nos amparase durante el trayecto, y otras para competir con Paco contando chistes más o menos subidos de tono.
Mis amigos de Foyos, Miguel Lázaro, Filo, Ramón Cabo, Mercedes, Miguel Riera, y Amparo son testigos de lo que escribo.
Han sido muchos años de confraternidad. En la plaza de toros, desde hace varios años, nos saludábamos en la distancia, cuando la banda de música interpretaba el pasodoble "Tercio de Quites" que le compuso para su peña el laureado maestro Rafael Talens.
Por cierto, a ese pasodoble Paco y yo tratamos de ponerle letra. Estuvimos varias tardes reunidos y apenas logramos ponerle letra en algunas estrofas. Finalmente fue su hijo Paquito, quien nos enmendó la plana, y en un par de semanas ejerció como un experimentado letrista. Y ahí está su obra.
Pues bien, como digo, cuando sonaba esa pieza musical, algunas personas como Pepe Soriano y su esposa Vicenta, que eran sabedoras de esa costumbre nuestra, lo celebraban igualmente.
Paco Ibáñez tenía amigos en todo el mundo. El haber estado al frente de su negocio, el magnífico restaurante, y también los apartamentos que alquilaba, en su mayoría a extranjeros, le habían proporcionado un grandísimo número de amigos.
Recuerdo que un día me dijo: Paco, el día que me jubile, si quiero, me podré pasear casi por toda Europa, sin pagar hospedaje, merced a las numerosas invitaciones que he recibido de cientos de personas que se han alojado en mis apartamentos y que han acudido a mi restaurante.
Era cierto. Amigos, amigos y amigos. No le he conocido ni un solo enemigo en todos los años que lo he tratado.
¡Cuanto te vamos a echar en falta!
Dios te guarde, Paco.
Comentarios
Sin comentarios
|
|
|
| |
|
|