Un lustro perdido. Artículo de Vicente Sobrino.
Por Paco Delgado 26/06/2007
 
A raíz de la reaparición de José Tomás han corrido ríos de tinta. Artículos de opinión a mansalva, unos con conocimiento de causa y otros, muchos más de los apetecibles, producto de las calenturientas seseras de esporádicos articulistas taurinos.
Vaya por delante mi absoluta admiración por este torero, para que nadie versionee o traduzca a su capricho este escrito, al que considero como uno de los toreros más importantes/impactantes de la tauromaquia moderna. Pero no nos volvamos locos, por favor.

Se ha dicho y escrito que gracias a la vuelta de José Tomás, el toreo ha recobrado su importancia. Que, tras cinco años de absoluta mediocridad y dormidera en las plazas de toros, se ha recuperado la emoción, el buen toreo y la verdad y nada más que la verdad. Que ahora, el toreo ha vuelto a su cauce natural, del que no debió salir nunca jamás. Es cierto. En estos últimos cinco años, nada ha ocurrido que haya valido la pena. Despertemos. La aparición de la prodigiosa mano izquierda de El Cid y sus inolvidables tardes ante victorinos, por ejemplo, han sido un sueño; la magistral actuación de Ponce en la feria de Abril de 2006, literatura barata; las heroicas faenas de Rincón en Sevilla, Valencia y Madrid, simples pasajes novelescos; las continuas demostraciones de capacidad y grandeza de El Juli, cuestiones superficiales. La aparición de toreros jóvenes, César Jiménez, Castela, Talavante, Cayetano, que han impulsado el toreo a una competencia brutal, puro espejismo. Y no sigo por no hacer en exceso largo el cúmulo de chorradas que se han visto en las plazas de toros en estos últimos cinco años.

El toreo, señoras y señores, empieza y termina con José Tomás. Y, si me apuran, también con Morante. Todo lo demás, morralla. En serio, me parece injusto que se haya ninguneado las muchas cosas que han ocurrido en el último lustro. Muy injusto. Con JT el toreo enriquece su valor; pero sólo con JT el toreo es una mínima parte de lo que en realidad es. Claro, lo fácil es decir todo lo contrario y dejarse arrastrar por la corriente. Corriente, en ocasiones, producto de agua contaminada.


Comentarios

Sin comentarios