Barcelona, la tarde azul. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 20/06/2007
 
El regreso de José Tomás no es simplemente el retorno de un torero, significa mucho más, y la Fiesta y Cataluña lo deberían aprovechar.
Todas las antiguas culturas hicieron del azul un color relacionado con la divinidad. Los egipcios lo ligaron con la "verdad", por lo tanto con sus dioses. La máscara funeraria de Tutankhamon está decorada con franjas de lapislázuli, para que así fuese identificado en el más allá como un dios.

Es natural que en Bizancio fuese establecido como el color propio de Dios y de las personas a las cuales les transmite su santidad.

Azul es el color del cielo y del mar. Expresa confianza, libertad, fe. Se asocia con los introvertidos o personalidades reconcentradas o de vida interior y esta vinculado con la circunspección, la inteligencia y las emociones profundas. Es el color del infinito, de los sueños y de lo maravilloso, y simboliza sabiduría, serenidad, sosiego y verdad.

De azul vestían los tres matadores que hicieron el paseíllo el pasado domingo en Barcelona; el propio José Tomás en quien estaban puestas todas las miradas, no en vano era ?su? día, el de su reaparición, y también Finito y Cayetano. Tres toreros muy diferentes; tres azules muy distintos: azul noche, azul pavo y azul celeste. Imagino que inconscientemente, pero eligieron bien el color, al menos para mi gusto, pues siempre he considerado un poco dioses a quienes se juegan la vida frente a un toro.

Sé que los tres son amantes de la libertad, guardianes de su intimidad, inteligentes y soñadores. Los tres se emocionan profundamente con su profesión; los tres son sosegados y serenos, y hasta introvertidos; no cabe la menor duda. Así es que, posiblemente de forma instintiva, no premeditada ni estudiada, los tres vistieron de azul para una fecha que se preveía histórica. Y lo fue. Salió a pie Finito con los peores toros, y a hombros lo hicieron José Tomás, que demostró volver en plenitud, y Cayetano, con el mejor lote.

Pero la importancia de la tarde va mucho más allá de frías estadísticas. Incluso va más allá de la demostración de un José Tomás que regresa a los ruedos como si en vez de cinco años hubiesen pasado cinco días de su adiós. El festejo demostró la importancia que adquieren los toros cuando se tratan como un evento, como un acontecimiento. La del domingo fue la tarde-noche de los transistores y sobre todo de internet. Los más inquietos querían enterarse al momento. Telediarios, noticiarios de radio y periódicos se hicieron eco de la noticia, y los aficionados sacamos pecho de serlo.

La Fiesta, bien tratada, tiene interés, y así quedó patente el pasado fin de semana. Sería oportuno que todos los medios continuaran con la misma tónica y siguiesen contando los hechos más destacados de la temporada. La tarde del domingo 17 puso sobre el tapete el tirón de los toros, no sólo en los medios, sino en la propia Barcelona, que se quedó pequeña ante la avalancha de aficionados que colapsó la Ciudad Condal y que, además, dio muestra de su civismo ante las provocaciones de una insignificante minoría de antitaurinos provocadores.

La del domingo fue la tarde azul. Azul de verdad, la verdad del toreo. El azul de la confianza, de la fe y de los sueños; confianza, fe y sueño de que la Fiesta resurja en Cataluña y tenga su sitio en la prensa. Ya ven, el regreso de José Tomás no es simplemente el retorno de un torero, significa mucho más, y la Fiesta lo debería aprovechar.


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