Yo no estuve allí. Nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 18/06/2007
 
El festejo en el que José Tomás volvió a torear vestido de luces fue todo un acontecimiento, como debería serlo todo espectáculo taurino.
Yo no estuve allí. Por desgracia, puesto que fue una auténtica fiesta, pero, como la obligación es antes que la devoción, hubo que conformarse con presenciar la exhibición de Andy Cartagena y Leonardo Hernández en Alicante, y perderse lo que fue todo un acontecimiento, como debe ser un festejo taurino.

Pero lo que dio ese carácter especial a la vuelta de José Tomás en Barcelona fue el tratamiento recibido por los medios de comunicación, que se volcaron con el evento. Antes, durante y después. Aquí sí que hay aplaudir y felicitar a los responsables de que la función del 17 de junio fuese tenida en cuenta y tratada conforme merecía.

Una plaza llena a reventar -también ahora, como cuando la alternativa de Parrita en Valencia, todo el mundo estuvo allí, con lo que, de ser cierto lo que tantos dicen, hubiese hecho falta una Monumental con el triple de su real capacidad para albergar a tantos que presumen de su presencia en fecha tan señalada-, la reventa por las nubes, gente que se quedó en la calle, radios, televisiones, periódicos...pendientes de lo que sucedía en la plaza y alrededores...algo que tendría que ser habitual no digo todos los días, pero sí cuando el cartel y la ocasión lo merezcan, que suele ser unas cuantas veces a lo largo de la temporada y que, por desgracia, no es así.

Los responsables del negocio taurino deberían tomar buena nota y aplicarse el cuento de lo que ha sucedido con el retorno de José Tomás, quien, por cierto, dejó claro que vuelve en serio y asumiendo todas las consecuencias.

Que no todos los días son fiesta, es algo palmario y sabido, pero no lo es menos que si se quiere vender un producto hay que venderlo con todo lujo de envoltorios.

Yo no estuve allí, pero, por lo mucho que se ha contado, dicho y escrito, la corrida de Barcelona fue algo magnífico y que no debería quedar como excepcional -ya que ello significaría que no se volvería a repetir en mucho tiempo- sino como punto de partida para una nueva época en el toreo.

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