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Morante en sazón, artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 07/06/2007 |
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La gesta, que así hay que llamarla, de Morante, ante el sexto toro de la corrida de Beneficencia, puede quedar reflejada en el rostro del torero.
Alguna ventaja tenía que tener ver los toros desde la barrera???.del salón de estar. La gesta, que así hay que llamarla, de Morante, ante el sexto toro de la corrida de Beneficencia, en Las Ventas, ya muy vitoreada y engrandecida por crónicas y comentarios, puede quedar reflejada en el rostro del torero, que merced a la televisión, se vio en muchas facetas del trasteo en primeros planos.
Si la pretendida sensibilidad que pueda provocar el toreo como manifestación de arte u obra con especiales consideraciones pudiera estar en entredicho, con lo acontecido con y en Morante de la Puebla ya han desaparecido las dudas.
Desde la salida de la enfermería con un andar despacioso, mitad inferido por el derrote brutal en la cara durante la lidia del quinto toro, mitad natural porque su porte no es de este mundo, hasta la muerte del toro en final más que agónico, las fases de transformación del rostro del torero fueron tales que la experimentación podía inscribirse como la denotación del sufrimiento, del gozo, de la exaltación, de la preocupación, de la duda, de la firmeza, de la decisión, de la incertidumbre, de la superación, del sentimiento, de la necesidad del juego, de la estética, de la tragedia, de la variedad, de la geometría, del cálculo, de la territorialidad, de la observación, de la felicidad, del llanto. Claro que todo eso lo tenía que experimentar delante de un toro noble, de bondad, pero animal al fin y al cabo que en cualquier momento puede tener una reacción inacorde con la presunta bondad.
Esos quince minutos largos desde el ceremonioso paseíllo de la enfermería al callejón, sin montera y con las sienes abiertas por el tortuoso camino de la sutura, hasta la última batida del toro de Núñez del Cuvillo con manos y patas rendidas, con paréntesis de toreo fundamental a la verónica, banderillas, naturales, cites de frente, oxigenación del flojo toro, asesorías de Rafael de Paula incluidas, significan un compendio de torería como pocas veces se tiene la suerte de contemplar.
Morante, desde el día de la Beneficencia, tiene ganado por derecho propio un lugar a la derecha y a la izquierda de los últimos románticos del toreo, desde Camas a Jerez, o Chiclana, o Triana, lo que se quiera. Pero encima está en activo. Por muchos años.
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