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¿Qué pasa con César Jiménez? nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 06/06/2007 |
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De ser una de los más sólidos toreros de futuro ha pasado a que su nombre apenas suene.
Fue, en los primeros años del siglo XXI, uno de los novilleros punteros y una de las grandes esperanzas del toreo. Sus grandes cualidades, un valor sereno y, al parecer, verdadero, coraje y ganas, le llevaron, tras la alternativa, a estar en todas las ferias, siendo, también, uno de los diestros con mayor circulación y convirtiéndose -no se olvide que esta plaza sigue siendo una de las de mayor prestigio e importancia del mundo- en uno de los toreros preferidos y favoritos de la afición de Valencia, logrando salir a hombros del coso de Monleón un montón de veces consecutivas.
Sin embargo ya entonces la crítica, en un si pero no, apuntaba un cierto amaneramiento en su toreo, acusándole, además, de ser repetitivo, efectista, previsible y de perder el hilo de sus faenas muy a menudo.
El cambio de apoderado le sirvió, además, para hacerse con los servicios de un director artístico, nada menos que José Miguel Arroyo, que pulió muchos de aquellos defectos y le insufló mucho de su particular personalidad y estilo. No fue raro en las dos últimas temporadas, viendo torear a César Jiménez, ver reflejada en sus faenas la estampa del moderno Joselito.
El torero de Fuenlabrada ganó en consistencia y profundidad, dejando muy de lado afectaciones y modos relamidos.
Pero todo este proceso de depuración y pulido de sus formas no sirvió para que le fueran favorables las crónicas ni, lo peor, para que el gran público supiese de él. Siendo un magnífico lidiador, fuera del círculo de aficionados que más parecen profesionales, a la gente nada dice su nombre. No es torero que se prodigue en los programas de bragueta y casquería pero tampoco lo hace en los pocos espacios taurinos que sirven los medios de comunicación hoy en día, sin que, asimismo, parezca ser santo de la devoción de los que hablan y escriben para el sector taurino.
Por si fuera poco, el arranque de la campaña de 2007 -fuera de Valencia y sin decir nada en Sevilla ni Madrid- no parece que sea de lo más alentador.
Siempre, casi todos los matadores -incluidas las figuras- han sufrido baches y bajones. César Jiménez, lo ha demostrado, tiene casta y madera. A ver si despega y luce, de una vez por todas, su innegable condición de principal.
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