Orejas para todos, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 02/06/2007
 
Se sigue analizando lo que pasa en Las Ventas, que no es bueno para el futuro del espectáculo
OREJAS PARA TODOS
Ricardo Díaz-Manresa



Voy a continuar con la polémica de las orejas de Madrid, que ?como síntoma- puede ser importante. Pondremos de moda el ?Orejas para Todos?.

Una de las causas de la falta de rigor en Las Ventas se debe a los medios informativos, a los nuevos informadores, y algunos viejos, profesionales o no, a los que les parece todo bien. O no se pronuncian y se limitan a decir que fue concedido el trofeo o toman parte, siempre a favor de los toreros y en contra del palco. No falla. Si la pide el público, hay que darla ?porque para eso paga? (¿). Si no la da, el presidente es un ladrón. Total, el del palco siempre queda mal. Es verdad que los presidentes son los que las conceden o no, pero siempre se llevan la peor parte. Si se ponen duros, según los nuevos informadores, y algunos viejos, profesionales o no, sea verdad o no esa dureza, son atacados : recuérdense los casos de Bilbao y San Sebastián del pasado verano. Así que los presidentes están entre la espada y la pared. El problema mayor, para mí, está en los nuevos informadores, y algunos viejos, profesionales o no, que alientan la concesión de orejas como si ahí estuviera el secreto de supervivencia del espectáculo. Así creen que sobrevaloran la labor de los espadas.

Muy pocos se han parado a pensar que una oreja debe ser por petición mayoritaria de los espectadores ?es decir, la mitad más uno- con lo que resulta claro que tendría que haber un pañuelo ¡por cada dos espectadores!. O sea, una plaza cuajada de pañuelos, blanca como la nieve, con lo que prácticamente no se daría nunca ni aun en el caso de que la segunda oreja fuera también por petición de la masa. Los nuevos informadores, y algunos viejos, profesionales o no, añaden a los que gritan a favor de la concesión, pero así hay trampa porque votan dos veces -con el trapo y con la voz- como aquel diputado que lo hacía con el pie y con la mano para contabilizar doble.

El palco puede ser problema pero no el gran problema. Y sí lo es el público que cada vez entiende menos y chilla más, que le importa un pito la tauromaquia, que no es aficionado en su mayor parte, y que sigue en sus errores porque nadie le enseña sino al contrario, le enseña lo malo. Y sólo se queda en el divertimento de las risas y de ver quién puede más : ellos o el presidente.

Cuando no ocurre, como en Madrid, que se piden exclusivamente no a favor de un torero sino en contra del 7, por ejemplo. ¿No queréis, no os gusta, estáis protestando? Pues tomad?

O sea, un público desorientado y mandón o caprichoso al que nadie enseña o que quizá tampoco se dejaría enseñar porque la corrida de toros le importa dos o tres veces al año, unos medios informativos que están a favor de la decadencia y unos presidentes que no saben qué hacer (y entre los que abunda la incompetencia):

Y, mientras , el 7, que era el muro que contenía el desastre, desapareciendo.. Y es que todo desaparece. ¡Si hasta lo ha hecho el cinturón rojo de Madrid! ¿Qué vamos a pedir en Las Ventas? Pues eso Orejas para Todos. ¿Por qué no rabos?


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