El Juli, torero de críticos
Por Ricardo Díaz-Manresa 14/02/2006
 
De críticos o de informadores, que se autodenominan especialistas y grandes expertos de la técnica del toreo, creen saberlo todo y parecen tener la experiencia de los toreros.
¡Qué suerte tienes Juli! No torero de toreros, sino torero de críticos.¡Cómo lo entienden los sabios, los técnicos, los críticos, los que no han pisado una Escuela de Periodismo ni una Facultad de Ciencias de la Información pero son grandes profesionales! ¡Qué maravilla!

De críticos o de informadores, que se autodenominan especialistas y grandes expertos de la técnica del toreo, creen saberlo todo y parecen tener la experiencia de los toreros.
¡Qué suerte tienes Juli! No torero de toreros, sino torero de críticos.¡Cómo lo entienden los sabios, los técnicos, los críticos, los que no han pisado una Escuela de Periodismo ni una Facultad de Ciencias de la Información pero son grandes profesionales! ¡Qué maravilla!
¡Cómo te ensalza la crítica, Julián! ¡Cómo y especialmente en los momentos en que estás bajo de cartel y de moral! Dicen, escriben, pontifican : esta es una gran faena para aficionados,  el  techo de la técnica. Imposible superarla.

Los espectadores se aburren ahora contigo. No te ven con figura de figura del toreo. Creen ?quizá equivocados- que tu toreo es tosco. Te reconocen valor y se quedan fríos.
Recuerdan aquel muchacho que, por su edad y una milagrosa promoción, se metió en los circuitos del toreo y de las televisiones generalistas. Añoran  la lopesina, quite que deslumbró. En banderillas corrías lo tuyo pero llenabas el tiempo. Había movimiento  y algarabía, lo que quiere esta sociedad. Con la muleta cortabas las orejas en algunas plazas de primera sin haber dado dos muletazos potables pero derrochabas entusiasmo. Se fijaban en el trajín, no  analizaban.
Y lo más importante: tenías mirada de fiera, de vencedor, de hambriento de éxito, de comerte el mundo, no desfallecías nunca, comunicabas.

En tus declaraciones el toreo era lo más y el prestigio de ser torero, una enorme vitola.
Perdiste la mirada de hambre de triunfo y el ardor juvenil. Te hiciste solemne y despacioso y  rompiste el molde de Juli.
En tus ojos hay tristeza,  tus andares son cansinos no solemnes,  los públicos no te siguen, van a verte menos, no llenas una plaza.
Pero siempre tienes a tu lado a los escribidores y habladores, que esos sí te entienden. Te tienen en la cumbre.

Deberías volver, Julián, con tu experiencia al empuje de antaño. Me alegraría.


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