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Los peligros del "meollo", nuevo artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 28/05/2007 |
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Estamos en el meollo. En el meollo de la temporada. Y no me estoy refiriendo a la futbolística, que también está en el momento crucial. Me refiero a la campaña taurina.
Concluirá San Isidro y de inmediato comenzará la Feria del Aniversario, todo en Madrid, la plaza que marca la proyección de los toreros, al menos la de la mayoría, los menos posicionados, los más necesitados. Madrid es tan duro como reconfortante, es tan difícil como repercusión tienen sus triunfos.
Pero el meollo es mucho más que Madrid. El meollo es un ir y venir incesante de toreros de una a otra plaza. Kilómetros y más kilómetros. De Valencia a Sevilla. De Jerez a Valladolid. De Castellón a Córdoba. De Zaragoza a Osuna. Del coso más importante al más insignificante. Y en ambos, en unos y otros sale el toro, el que pone las cartas sobre el tapete, el que no sabe de cansancios de viajes ni de noches sin dormir, el que no entiende de quebraderos de cabeza ni de responsabilidades, el que no pide el carné ni pregunta la experiencia, al que no le preocupa que día tras día, a la hora en punto, un hombre tenga que estar dispuesto e inspirado. El toro, que sale para todos y que a nadie suele perdonar errores.
Es por eso que entramos en el meollo también de los percances. De uno de ellos acaba de reaparecer Talavante, y Hermoso de Mendoza todavía tardará en hacerlo de su fractura de peroné, incluso a José Tomás le partieron la cara en un tentadero. También permanecen en el dique seco Rincón, Perera y Ferrera entre otros.
Pero, sin olvidar que la tragedia forma parte de la tauromaquia, la Fiesta, que vive uno de sus mejores momentos, se viste de gala con tantos festejos. Me emociona que los toreros se arrimen; me apetece que lo hagan, y quiero que la suerte, tan deseada como necesaria, les acompañe en tanto trasiego de corridas.
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