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El relativo valor de las orejas, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 25/05/2007 |
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La polémica ha saltado por el dispar criterio a la hora de la concesión de trofeos en San Isidro.
Anda el mundo taurino soliviantado por la concesión de orejas en Las Ventas. Unos por que no se conceden las que, a su juicio, debieran otorgarse, y otros por que, según su criterio, se conceden trofeos un poco sin ton ni son.
Desde fuera y sin ser parte interesada en ninguno de los dos bandos, no parece que el asunto sea para tanto, puesto que lo hecho hecho está y no por una oreja de más o de menos vaya a cambiar el rumbo de la temporada del sujeto paciente. No hay más que recordar que el grueso de la campaña está diseñado con bastante anterioridad a lo que pueda suceder a lo largo del desarrollo del serial madrileño y muy gordo tendría que ser el lío para que se tuviese en cuenta a la hora de nuevos - o más suculentos- contratos, por lo que poco importa una oreja arriba o abajo. El caso de Talavante es significativo, y en la feria de 2006 salió lanzado de San Isidro sin cortar ni una sóla oreja.
Tampoco la plaza venteña es ya piedra de toque para obtener patente de figura -aquí podríamos volver a repetir lo del párafo anterior en lo referente a la previsión empresarial para cerrar ferias sin esperar a ver cómo evoluciona la temporada- y si se repasa el historial de San Isidro de veinte años para acá, mucho menos: de Manili a El Cid -pasando por El Boni, Javier Vázquez, Mariano Jiménez, etcétera- de poco le ha valido a los triunfadores del ciclo isidril el cortar más o menos orejas en Madrid. El toro y sus circunstancias han terminado por imponer su ley, la única que, tarde o temprano, impera.
Pero no está de más recordar que tampoco se puede jugar con el trabajo y el orgullo personal de nadie y escatimar premios o hacer de menos un trabajo serio y bien hecho por intransigencia, intolerancia, cicatería o ignorancia. Mucho menos por pleitesía al fundamentalismo taurino madrileño y aunque lo de las orejas sea cuestión menor -de casquería taurina- hay que dar a cada cual lo suyo y sus orejas. Aunque a veces sea para que den gusto a la sopa.
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