Las orejas de Madrid, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 14/05/2007
 
Cada vez se dan con mayor facilidad por diversas causas que se analizan en este artículo
LAS OREJAS DE MADRID
Ricardo Díaz-Manresa
14-mayo-07


Las orejas de Madrid ?las que denomino del siglo XXI- nada que tienen que ver con las de tiempos pretéritos. Antes cualquiera se enteraba de que un torero había cortado dos orejas en Madrid y casi gemía por haberse perdido algo grande. Y el torero tenía ya la temporada hecha.

Ahora ni temporada hecha ni algo grande. Y si es una, pues nada, tres muletazos emocionantes al final, una estocada rápida (puede estar mal e incluso muy mal colocada) y tiene el trofeo. El abanico de saludos, ovación, gran ovación, vuelta al ruedo (para una buena faena), oreja (para una muy buena) y dos (para una excepcional) se ha perdido.

La exigencia de la plaza de Madrid ha bajado mucho y empezó en los últimos diez años, más o menos, del siglo anterior, por las siguientes circunstancias:

1.- Todo cambia. Muchas veces a peor. Y los toros no iban a ser una excepción.

2.- Los coñazos de San Isidro ?tantos días para nada- que instituyeron los Lozanos obligó a los abonados a regalar entradas muchos días y a administrarse el aburrimiento por lo que los públicos son completamente diferentes unos días a otros, no sólo por actitud sino por cambio mayoritario de personas. A los que van todos los días, poquísimos, habría que darles un premio.

3.- La falta de toreros buenos predispone a que abunde lo mediocre, con lo que lo mediano es tenido por bueno o más. La gente se agarra al clavo ardiendo del divertimento, con razón o sin ella, sin base o con ella.

4.- Los aficionados con referencias van desapareciendo por edad y cambio de generaciones. Y a estas nuevas las ?enseña? la crítica, la peor en los últimos 50 años. Así los criterios han descendido. Nadie hace caso de nadie, nadie se deja llevar.

5.- Los derechos son universales y absolutos y las obligaciones no existen por lo que yo tengo derecho a hacer y a pedir lo que me dé la gana sin tener que respetar las opiniones de los que saben por experiencia o por inteligencia. Es lo que pasa en la democracia : el voto de un tonto es igual al de un listo.


Y así las orejas de Madrid ?no digamos las del resto de la plazas- cada vez valen menos. Es el signo de los tiempos. Nada se puede hacer sino aguantarse. En Las Ventas cada vez se darán más sin ton ni son.





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