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De Sevilla a Madrid, artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 10/05/2007 |
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Acabó Sevilla y comienza Madrid. De Abril a San Isidro. Como diría el Lazarillo de Tormes: ?escapé del trueno y di en el relámpago?. De una feria de máxima responsabilidad y compromiso a otra de alto voltaje.
La primera es más amable con el torero. Más amable no significa menos rigurosa. Sevilla deja hacer, observa, calibra, enjuicia y se pronuncia. Para bien o para mal el silencio de la maestranza da paso a su clásico ¡bien! o a un murmullo de desaprobación no exento de alguna sentencia irónica y punzante.
Madrid intenta manejar al torero desde que se abre de capote: su colocación, la altura de los engaños, las distancias? es como pretender teledirigir el toreo. Mientras en Las Ventas un cuchicheo de voces no deja de envolver el ambiente, en Sevilla se escucha el caminar del toro y el cantar de los pajarillos.
Pese a ser tan diferentes, Guadalquivir y Manzanares siguen siendo las referencias capitales para el toreo. Una es tan importante como la otra, más que importante necesaria, porque ese complemento que forman da diversidad a la Fiesta y equilibra las diferentes concepciones del toreo.
Abrir ambas puertas grandes es el sueño de todo aquel que se viste de luces. De momento este año lo ha conseguido Alejandro Talavante, que también salió a hombros en Valencia, y por ahora sólo lo podría repetir El Cid.
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