El Cid en Sevilla, artículo de Luis Alonso
Por Luis Alonso 02/05/2007
 
?Al árbol hay que enderezarlo desde chuiquitito?
?A los chiquillos hay que educarlos desde chiquititos?
Estos han sido axiomas de siempre, que de llevarlos a efectos y tras vigilancia continuada, generalmente nunca han fallado.

Pues si estos axiomas lo llevamos al toro de lidia una vez en el ruedo, nos dan un nombre ?El Cid? pero no el que hemos encontrado en los libros de historia conocido como ?El Campeador?, sino Manuel Jesús Cid matador de toros por la gracia de Dios y de la mano de ?Luguillano? con ?Finito de Córdoba? de testigo, una tarde del 23 de abril del año 2000 en la Plaza de Toros de Madrid con el toro ?Gracioso?.
El torero de Salteras debió respirar ese día las esencias toreras de; sus compañeros de cartel, del albero que pisaba, y de la afición de la plaza con tal fuerza que, impregnado su cuerpo de ellas, es al día de hoy el mejor profesor de toros para que estos cumplan con rigor en los veinte minutos de enseñanza, la misión que tienen como principal protagonista en la Fiesta de los Toros.
En Sevilla y con los dos toros de desigual comportamiento que el sorteo le deparó de la mítica divisa Santa Coloma origen Saltillo de Victorino Martín, demostró como se ?doma? a un colegial taurico desde el primer encuentro (que no contacto) con los engaños, para que trate de seguir- con la intención de coger- aquello que se le ofrece pero no llega más que a olerlo como tantas veces ha dicho el gracioso y gran torero zamorano Andrés Vázquez: ?A los engaños que los huela pero no los toque?.
¡Es el secreto del toreo!, pues cuando el toro ha tocado las telas, poco a poco se va desengañando, al captar el centro sensitivo del cuerno -colocado a unos 6 centímetros de la punta del pitón -, que aquello no tiene consistencia y no puede herir, desistiendo de seguirlo porque ya ha descubierto el secreto.
Jesús ?El Cid? tiene esa virtud que Dios le ha dado, de poder llevar a la práctica la enseñanza que todos los matadores de toros han aprendido a lo largo de su profesión, pero que la mayoría de ellos son incapaces de llevarlo a efecto para enseñar al toro a embestir que es en lo que consiste el prolegómeno de cualquier faena importante.
Y lo hizo con el primero de su lote un toro de capa cárdena que atiende por Borgoñes herrado con el número 184 y con 550 kilos de báscula. Un toro bravo de verdad, que de salida remata en el burladero arrancando el estribo del mismo, al que supo desengañar y llevar por el camino que debía seguir a los engaños ofrecidos, en una labor que no estaría de más ser impuesta como enseñanza en todas las Escuelas Taurinas con la catalogación de ?lección magistral?.
Y comienza la lección que me voy a permitir narrar con todo detalle:
?Cinco verónicas extraordinarias de mando y largura, rematadas con dos medias perfectas, hacen humillar al toro?
Lo lleva perfecto al caballo que monta José Manuel Espinosa con pases por delante sin permitir que toque en ningún momento el capote. Todo es suavidad y enseñar el camino. El toro es picado perfectamente si bien al final ha de ser coleado al derribar, para que no hiera al caballo, a lo que colabora de manera eficaz el capote de Pepín Liria que le tapa la cara al morlaco?
Nuevamente lo mide perfectamente El Cid, para llevarlo al segundo encuentro. Aplausos del público. Lo deja tan cerca que el piquero realiza la suerte de la aceituna con lo cual pica arriba.
Quita Salvador Cortés demostrando su insuficiencia, ante un toro bravo, en tres verónicas enganchadas si bien la media es buena.


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