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Talavante triunfa en Jerusalén, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 02/05/2007 |
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Este año he cambiado la Feria de Sevilla por la de Jerusalén, que también es una buena feria de armenios, judíos, cristianos, musulmanes, griegos etc y etc. Y entre SMS, Internet, Móviles y demás inventos de este XXI, que los ha agrandado hasta extremos que nadie previó y preverá.
Se queda uno de piedra, a tantos kilómetros de Madrid, sintiendo y pudiendo vivir la Feria de Sevilla y los triunfos de Talavante, El Cid, Morante y Manzanares, entre otros, como si uno estuviera paseando.por el Paseo Colón.
Con los mensajes y las llamadas que me pusieron, me daba la impresión que Talavante, lo más nuevo e imprevisto, estaba triunfando dentro de las Murallas de Jerusalén. Y, como mi imaginación es grande y mi admiración por el toreo aun más grande, lo viví como si hubiera estado a dos palmos del extremeño, con la misma emoción y con el sentimiento de habérmelo perdido pero como si lo tocara. Parecía que Israel y España fueran una misma cosa.
Nunca me había pasado algo así porque en las primeras ferias, hasta junio, siempre estoy en mi querida ?e irritante- España. También ocurrió que, durante la de abril, sólo me enviaron noticias taurinas ni busqué otras que no se generaran en La Maestranza ni vi ni un plano de televisión.
Fue subir al avión de vuelta y enterarme de las hazañas de Carod y sus embajadas, Conthe y su persecución, Juana y sus paseos, declaraciones estúpidas y menos estúpidas, pero siempre descorazonadoras, de tantos políticos que sólo se dedican a hablar y no trabajan, etc etc y? volver a tener la sangre algo quemada. Ni las jovencitas y jovencitos árabes e israelíes con sus metralletas me inquietaron. Sí las noticias, tantas y prácticamente todas negativas, que se generan aquí y ahora.
Menos mal que Talavante, sobre todo, y sus compañeros triunfadores también me hicieron feliz en Jerusalén. Lo que es el sentimiento taurino. No nos damos cuenta ni de su fuerza ni de su intensidad ni de su universalidad, pero ahí está. Lo experimentamos en ocasiones especiales como ésta. Cañabate qué razón tenía :¡ vivimos, gracias a Dios, en un planeta aparte!
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