Pesados, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 24/04/2007
 
Las corridas de toros y novilladas se han vuelto ?en mayor número de lo que sería deseable- soporíferas porque los espadas son pesadísimos. Lo hemos visto ya en las primeras ferias de la temporada.
Hay una serie de malas costumbres que, aunque carentes de lógica y hasta de sentido común, han arraigado de tal manera que nos obligan a aburrirnos muchas más tardes de las deseables.

La primera y principal es que muchos toreros quieren hacer la misma faena a todos los toros, sean muy buenos, buenos, regulares, malos, muy malos o pésimos. Están sus diez minutitos insistiendo (y aburriendo) y oyen el primer aviso antes de entrar a matar por primera vez. Los soban hasta la exasperación de los espectadores y en muchos casos lo único que consiguen es irritar.

Alguna figura actual, que tiene las mejores cifras de toda la historia del toreo, es también récordman, Guinnes o campeón en número de avisos. Que le regalen un reloj.

Antes, las figuras, cuando el toro no les gustaba o era claramente malo, se lo quitaban de encima en tiempo récord o abreviaban. Así había muchas, pero muchas, corridas de menos de dos horas y hasta de hora y media. Ahora se eternizan y nos dejan -a los espectadores, no a los toros- para el arrastre. ¡Qué pesadez intentando hacer faena, la misma para todos, a toros que no la tienen!

Desearía ver en las ferias los recursos técnicos para que las faenas fueran diferentes en razón del toro que tienen delante. No hay que intentar torear a todos por la derecha y por la izquierda ni ensayar matarlos arriba. ¿Cuánto tiempo hace que no ven matar un toro a la media vuelta -en algunos casos un excelente recurso técnico- ni empuñar la espada después de doce pases de castigo, necesario en algunos casos?

Señores toreros: no nos torturen y volvamos a las corridas de dos horas. Y hasta las de una y media. Y, eso sí, hagan como las figuras de antes: que no se les vayan los toros buenos con las orejas puestas. A ver si en el 2007 recuperamos la esperanza de un espectáculo emocionante, movido e interesante. Y en su tiempo justo. No sean tan pesados.

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