Tras la indignación por lo sucedido en Barcelona, conviene sacar conclusiones y dejar algunas cosas claras.
Tal y como estaba previsto, se consumó el despropósito y Cataluña se queda sin toros. De nada vale ya poner el grito en el cielo y lanzar ayes lastimeros. Ni hacer declaraciones grandilocuentes. Ni emitir planes de acción que nadie, ni quien los grita, se cree.
Hay que asumir el hecho y sacar las conclusiones pertinentes para que, en la medida de lo posible, no haya próxima vez o, si la hay -que la habrá- el daño sea mínimo.
También conviene dejar claras algunas cosas.
Para empezar, la prohibición -a estas alturas creo que ya a nadie se le escapa- obedece al interés de una parte de la clase política catalana de desligarse de todo aquello que huela a España. Y la fiesta taurina es esencial en una España de la que aquella facción reniega. A nadie engañan diciendo que así se defienden los derechos de una animales que viven a cuerpo de rey y cuya única razón de existir es la de ser lidiados en una plaza. ¿Se prohibirá también el consumo de patés, jamones, solomillos, etcétera? ¿Cuándo comenzará la cruzada para evitar que las lechugas, un ser tan vivo como un toro, no sean arrancadas de cuajo de la tierra en la que nacen y crecen?
Por aquellos mismos motivos más o menos inconfesables nada se dice de los festejos populares, en los que a lo mejor el maltrato es, en ocasiones, mucho mayor que el recibido en un coso.
Se llaman a sí mismos demócratas sin que les haya temblado el pulso a la hora de firmar la sentencia de muerte de un espectáculo al que son aficionados varios miles de ciudadanos de los que sólo cuentan para ellos sus votos.
Por otra parte, poco han hecho también aquellos otros que consideran la prohibición una aberración. Mucha palabra pero, como siempre, poca acción y cero de eficacia.
Tampoco el mundillo taurino se distinguido por la defensa de su negocio. Al contrario, se ha mirado para otro sitio y no se ha movido ni un dedo.
Y la defensa de los animales esgrimida para perpetrar este disparate no es sino una excusa, barata, para sacar adelante un plan de deslinde que empieza por los símbolos. Los animales tienen voz en el Parlamento, dijo una imbécil en televisión. Eso sí, votaron no a los toros.
Comentarios
Comentario escrito por - 02/08/2010 Totalmente de acuerdo.
Ahora sólo queda que los españoles nos pongamos de acuerdo para no consumir productos catalanes.
Si ellos no quieren nada de España. Nosotros los españoles tampoco queremos sus productos.
Nada de cava. Nada de agua de Vichy Catalán. Ni la indigesta butifarra. Ni otros tantos productos catalanes.
Ya verán como reaccionan.
Porque como dicen ellos "la pela es la pela"...
Comentario escrito por Pedro Pardo - 01/08/2010 Cuanto mas comentarios se hagan al particular, mas disfrutan de su poder. Dajarlos con su "victoria".
Lo que no diran es que desde el 2014 veran sus arcas mermandas por la falta de impuestos que genera la FIESTA NACIONAL. Quizas entonces lamenten el haber matado a la gallina de oro y ya sabemos que para ellos la pela, es la pela. Al tiempo.
Comentario escrito por Pedro Cotorruelo - 30/07/2010 Estoy totalmente de acuerdo, los políticos catalanes se han cargado la fiesta con la pasividad de los taurinos. Tenemos lo que nos merecemos.
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