El verdadero mal de julio, lo que hace que peligre la feria de julio es el desinterés de los taurinos.
Mucho se habla, debate y discute sobre la feria de julio de Valencia, su problemática y su futuro.
Un futuro que pinta mal por una serie de cuestiones -no es fiesta en la ciudad, el calor, las vacaciones...- pero que, fundamentalmente peligra por el poco interés del mundo taurino en su pervivencia. Ese es el quid de la cuestión y la espada de Damocles que pende amenazadora sobre este serial, santo y seña de la fiesta en la ciudad del Turia y origen de las ferias taurinas no sólo en España.
No hay que darle más vueltas. Para los dirigentes del negocio este serial molesta. Y mucho.
Molesta porque, al estar la mayoría de las plazas en manos de un muy reducido núcleo de empresarios, estos tiene diseñado un mapa de ferias que les lleva a lo largo del año en un circuito en el que Valencia sólo cuenta para fallas.
Para los toreros y sus mentores es preferible ir a plazas de segunda, en las que la responsabilidad -en forma de toro y seriedad- es menor y la bolsa similar.
Tampoco los responsables del coso de Monleón que lo han sido a lo largo de los últimos tiempos han tenido especial interés no ya en potenciar esta feria, sino en recuperarla.
Ya se ha dicho que ahora Valencia sólo existe en fallas. Una feria a principio de temporada, a la que todos quieren venir, con la ciudad llena de visitantes y con muchos días festivos. Pero Valencia no es un pueblo, es una ciudad, una gran ciudad, con su tradición y muchas posibilidades. Y una plaza de primera, plaza que siempre fue de temporada y que como tal, por mucho que el nuevo modelo empresarial huya como de la peste de este concepto, exige trabajo y dedicación. Es muy fácil montar la feria de fallas y no volver por aquí hasta el año siguiente. Ese es el sueño de quien lleve las riendas de esta plaza.
Pero Valencia es fallas, pero también mayo -y debería ser también abril-, es junio, septiembre y octubre. Y, naturalmente, julio, sin cuya feria no se entiende la fiesta taurina en esta ciudad. Ni en el calendario taurino, por mucho que fastidie.
Por eso, quien esté al frente de su plaza debe esforzarse por hacer que la feria de San Jaime recobre su esplendor y vuelva a ser modelo en su especie. Y quien no lo vea así, que busque otra plaza en la que sólo se tenga que dar una o dos corridas al año. Aquí no cuela, o no debería colar, lo del prometer y luego donde dije Diego digo digo y si te he visto no me acuerdo.
Valencia exige trabajo, dedicación exclusiva y no poco sacrificio.
Y lo sabe agradecer.
Comentarios
Comentario escrito por - 28/07/2010 La diputación es la que tendría que hacer algo y evitar que esta plaza sea un cachondeo
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