Lo de las orejas tontas de Pamplona ha sido siempre. En esta feria del 2010 se ha visto demasiado. Las que dan porque sí y las que niegan sin razón. No es que sea una plaza generosa, es que no tiene criterio ni, por tanto, saber taurino.
Pamplona es una pamplina
por Ricardo Díaz-Manresa
15-julio-2010
En tardes de sanfermines, Pamplona es una pamplina ( algo de poca entidad, fundamento o utilidad). Pamplona, en su plaza de toros a partir de las seis y media, escenifica las mayores injusticias caprichosas e incomprensibles para bien o para mal. Pamplona es una plaza de carros (que las hay también con toros grandes). Pamplona es una tómbola (donde se dan orejas según corra el viento o esté lleno el estómago o la cabeza con vértigo). Pamplona –en su coso vespertino- es la anarquía taurina, el caos, lo incoherente, lo ilógico, lo irrazonable.
Lo positivo que lo tapa todo, según me convenzo año tras año, es el encierro, sus mozos y ahora también sus mozas, también caótico, ilógico, incoherente, irrazonable, pero, miren por dónde, ahí radica su gran atractivo mientras lo de la tarde, en la plaza, llega a ser repelente.
Cada vez hay más corredores preparados ofreciendo su vida por la tradición y la emoción y cada año más “patas” que no saben dónde están ni lo que quieren. Una masa única, con el toque femenino que ahora no falta en actividad alguna. Todos se juegan la vida y hacen la fiesta universal.
Las orejas de Pamplona son las de la locura. No he visto regalar más orejas tontas en ninguna otra plaza. Les gusta más el regalo que la justicia. Ni tampoco –algo bueno tenían que tener- clamores más grandes, valga o no lo que hace el torero en el ruedo. Tampoco se le puede pedir peras al olmo. Ven ocho corridas al año. No pueden aprender. Y además creen que la corrida es igual que el encierro. Para ellos, el que más corre banderilleando, o más se pone de rodillas, o más se la juega (sobre todo a lo basto) es el mejor. Como en el encierro. Ese es el tipo y perfil de toreros que prefieren.
Lo de las orejas tontas de Pamplona ¿tiene arreglo?. Teóricamente sí. Se pone un aficionado que entienda y ponga todos los días sobre el palco el mismo criterio. Imposible en la práctica, porque mandan las peñas, la mayoría taurinamente NPI, y si se les pone en el escroto dar dos orejas a un manta, ay del presidente que no les haga caso. Y si no las piden ellos, pues no se dan a nadie. Problema con solución pero sin solución en Pamplona.
Querer mostrar o sugerir la justicia taurina en esa plaza es una quimera. Por esas tan simpáticas peñas, que perdieron la gracia y la creatividad, que llevan cantando medio siglo –vaya imaginación- las mismas canciones pasadas de moda, que muchas son de la antiEspaña y sacan banderas alemanas el día del partido con el equipo español (se las tragan después) y no muestran ni después, ni tras el campeonato victorioso, una de España. Unos angelitos llenos de vino y comida, de borracheras y gula. Pero paradójicamente esa es la sal de Pamplona y su diferencia. También hay otros muchos mozos que se divierten sin más, aunque pasen de toro y torero.
Las orejas tontas de Pamplona no es fenómeno de ahora. Siempre han sido el alcalde o los concejales los encargados del palco, con el correspondiente fiasco de personas que la mayoría no saben los cuernos que tiene un toro. Bueno, sí, porque lo han visto en el encierro.
Recuerdo que sobre el año 82, en una comida en Pamplona, coincidimos con el concejal que iba a presidir la corrida horas después y hablamos de la polémica de la tarde anterior, la de todos los días, en la que el concejal de turno había concedido orejas de risa. No me acuerdo quien fue el primero de la terna, que hizo una faena mucho mejor que las de 24 horas antes, hubo bastante petición y no se la dieron. José Luis Carabias, presente en la comida y a mi lado en la plaza, eran nuestros tiempos de Clarín, me dijo:
-No le ha dado la oreja por lo que estuviste hablando en la comida.
O sea, también entonces, y antes, y por supuesto después, Pamplona de seis y media a ocho y media de la tarde ha sido una pamplina. Y así seguirá. Y al que no le guste…
Esta plaza no influye. ¿Cuántos contratos le darán a Joselillo sus dos maravillosas orejas? ¿Los mismos que le quitaron por el toro al corral de feria reciente pamplonica? ¿Y al Fandi?,. Lo mismo que a Joselillo. ¿Y a Castella? Lo mismo que al Fandi.
Y ya ven, qué casualidad, al igual que en Madrid, en la del Aniversario, embistieron los toros de buenas ganaderías con combinaciones aceptables (en la feria de carteles más horrorosos que se recuerdan en Iruña). Las mejores ganaderías, en buen momento, embisten porque las malas, que casi nunca tienen buen momento, no lo hacen (Fuente Ymbro, Victoriano del Río, El Pilar…que dan esperanzas.)
Y otro tópico destrozado, los toros grandes no embisten. El elegido como el mejor, de Fuente Ymbro, fue el de más peso de la feria : 675 kilos. Los que no embisten son los mansos. En Pamplona y en Río de Janeiro.
Comentarios
Comentario escrito por jose halcon ruiz de alda - 29/07/2010
Tiene toda la razón en cuanto al poco peso de las orejas de este año, y en general de la falta de criterio taurino de la mayoría de la plaza, y especialmente de los políticos que presiden cada tarde. Para un navarro, la verdad es que es una vergüenza.
Pero no sólo se debe resaltar lo negativo. En Pamplona este año han habido un montón de buenos toros, que además estaban maravillosamente presentados. Esto tampoco se ve en la mayoria de las plazas de nuestra querida España.
Además, para ser sinceros excepto en Madrid y Sevilla, yo veo regalar orejas en todas partes. Por cierto yo me fui a Madrid este año para ver al Juli y me pareció que se le robó descaradamente una oreja.
En fin, realmente lo de este año ha sido un escándolo. Yo como pamplomica sólo puedo sentir rabia y pena, pero sigo pensando que la Feria del Toro es necesaria.
Un saludo
Comentario escrito por - 16/07/2010 Totalmente de acuerdo señor Diaz Manresa.
Irreprochable su comentario. Va a despertar más de un enfado de la legión de ineptos que asisten a un festejo, donde están más pendientes de la merienda y de la borrachera que de lo que sucede en el ruedo.
Si un aficionado mediocre como era Ernest Hemingway (el que si fue un gran entendido y con buen gusto fue Orson Welles)no hubiera escrito "Fiesta" a Pamplona no la conocería nadie.
Orejas baratas, presidencias ignorantes, aficionados al tinto y a la merendola. Tendidos que dan la espalda a los toreros.
¡Uff! Pamplona. Les quitas lo de la chica yé yé y los negros que toman café y lo del cojonudo y se quedan sin nada.
Ya era hora de que alguien se atreviera a decir verdades como puños. Ya era hora...
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