Poco le han durado a Christian Hernández sus buenos propósitos y su actitud razonable y digna de elogio.
Bien sabía Diógenes porque llevaba siempre encendida su linterna... No era, ni es, nada fácil encontrar un hombre honrado. Y, por lo que parece, tampoco es corriente el que los haya decentes.
Parecía que el novillero mejicano Christian Hernández lo era, al menos su decisión de retirarse del toreo tras el lamentable espectáculo que dio en la Monumental de Méjico así lo apuntaba. Había protagonizado una tarde bochornosa -a todos les puede pasar, y, de hecho, ha pasado, y pasará- y, avergonzado, tras un examen de conciencia que no dejaba lugar a muchas dudas, había decidido cortarse la coleta.
Pero la mente humana es tornadiza, voluble, caprichosa y muy mediatizada por el dinero -y más en estos tiempos-, así que el chaval prefirió duros a dignidad. En menos de lo que se tarda en contarlo mudó de parecer, colgó la decencia en una percha y se echó en manos de la pasta fácil. No sólo fue de televisión en televisión -¡vestido de torero!- contando su peripecia, que ya es echarle morro a la cosa, sino que tras su gira por los platós de todo el país, anuncia, a bombo y platillo, que ha reconsiderado su postura y que vuelve a torear vestido con ese traje de luces que -en un uso espurio, bastardo- le habrá dado pesos, o incluso dólares, pero que ha demostrado no ser digno de llevar.
No sé quien le habrá aconsejado, o si habrá sido su cabecita la que habrá urdido este plan, pero es una trama que le ha quitado hasta la última gota de decencia que había ganado con su primera y correcta postura.
Jardiel Ponce dejó para la historia, entre su amplia y genial producción, Cuatro corazones con freno y marcha atrás. Este Hernández, que ni siquiera merece que su nombre aparezca junto a aquel, nos entrega una decencia de ida y vuelta.
Comentarios
Comentario escrito por Delacalle - 05/07/2010 Se veia venir, todo un montaje, de apoderado, de él mismo, pero montaje.
Vergonzoso pasearse de luces por plátos reconociendo su poco valor. No hay que darle cancha.
Comentario escrito por - 05/07/2010 Tiene usted mucha razón. El mexicano es un caradura de tomo y lomo.
No es que en áquel momento no tuviera huevos para enfrentarse al cornupeta; es que ahora ha demostrado que no tiene ni vergúenza ni pundonor.
Ni siquiera es digno de vestir el traje de luces.
Me identifico de pleno con usted señor Delgado.
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