El arte y la mortadela, nuevo artículo de José Andrés Sánchez
Por José Andrés Sánchez 02/07/2010
 
En esta época de lo homogeneo, toreros que son diferentes deberían tener cabida en las ferias, entre otras cosas, para que el publico pudiera darse cuenta de la diferencia, entre el Jamón de bellota, y la mortadela.

Viendo y viviendo una año mas el devenir de la temporada taurina, llego a la conclusión, que los toreros al igual que cualquier otra profesión, son el reflejo de la sociedad en la que vivimos. Como siempre, hay quien dice....tiempos pasados fueron mejores, con lo que no estoy de acuerdo. Afortunadamente hemos evolucionado en todos los ámbitos de la vida, hasta tal punto, que quizá, hemos querido ser tan iguales, que de alguna forma "homogeneizaron el toro", y por tanto el toreo.

Cuando yo quería ser torero, decíamos los novilleros que eramos artistas, y sin embargo en la actualidad, dicen que son profesionales, una gran diferencia de concepto que no cabe duda, afecta al enfoque de la ética taurina.

Si bien el escalafón se va renovando, considero que toreros como Juan Mora, representante sin lugar a dudas del concepto de la Tauromaquia con mayúsculas, no solo dentro de la plaza, si no también fuera, pues el, no solo derrocha arte en estado puro con el capote y la muleta, si no que además, me consta, que si no ha toreado mas, es por que ha mantenido las exigencias propias, del que realmente se viste por los pies, y se viste de torero, que es bien diferente a ponerse un traje de luces. Pues como digo considero que en esta época de lo homogeneo, toreros que son diferentes deberían tener cabida en las ferias, entre otras cosas, para que el publico pudiera darse cuenta de la diferencia, entre el Jamón de bellota, y la mortadela, de mucho pegapasista, con grandes tragaderas, que pulula, por el mundo taurino.

Los que se dicen profesionales, tienen envidia, y pánico a los realmente toreros como Juan Mora, o José Tomas, salvanda las distancias, pues con sus posiciones, incomodan mucho a los taurinos. Incomodan a sus compañeros por que estos no son capaces de ponerse en el sitio, ni fuera de la plaza, ni dentro de ella, y lo que es mas, incomodan muchos empresarios, no a todos, que ven peligrar una buena tajada de sus ingresos, ya que además, ponen en riesgo sus "negocios", pues no pueden tolerar que prenda la llama de la reivindicación, de lo que se juegan la vida, en muchos casos por nada...por nada euros, claro.

Y con estos mimbres, así nos salen luego los cestos, y mucho menos las cuentas, como las de Barcelona, en las que la empresa con una labor ejemplar no llena la plaza de toros, ni a tiros, y todo por pagar los platos rotos de otros.

Dicen algunos que es por la crisis, yo digo que por crisis si es, pero crisis existencial, y sobre todo crisis de valores y de dignidad, y es que no se le puede pedir a los toreros que se arrimen, cuando en muchos casos, se le exige a cambio de nada, y así lógicamente es muy difícil llenar las plazas.

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