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La incógnita Talavante, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 13/04/2007 |
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Talavante es el torero de moda y su nombre va de boca en boca. La gente le espera y se pregunta si el extremeño será, de verdad, la próxima gran figura del toreo.
Alejandro Talavante se ha convertido en el gran suceso de ahora mismo y la gente lo mira como el revulsivo que necesita la fiesta para salir de su preocupante atonía.
Los triunfos, de gran resonancia por haber sido logrados en plazas de tanta importancia como son las de Valencia y Las Ventas, conseguidos en los dos primeros meses de la temporada pueden servirle de rédito para todo el año pero no es el pacense torero que parezca conformista. Y no debería serlo si quiere que su nombre no sea flor de un día.
Tampoco debería mirarse excesivamente en el espejo de José Tomás, a quien admira y reverencia y con el que comparte no sólo filosofía y expresión: también le lleva Antonio Corbacho, quien logró dar aquella dimensión trágica del torero de Galapagar y que si bien sirvió para que la gente se volcase con él asímismo fue decisiva para que el torero tuviese que cortar por lo sano puede que antes de tiempo. Como dijo Benavente ?bienvenidos sean nuestros imitadores, porque de ellos serán nuestros defectos? y al público le hacen gracia las imitaciones sólo un rato. El parece tenerlo claro y ya ha declarado que el secreto de su éxito no estriba simplemente en su disposición y en los terrenos que pisa, sino en ?movimientos coordinados muy entrenados, muy ensayados?.
La incógnita está en si Talavante tendrá la capacidad de resolver las dificultades que se le presentarán ahora a diario. Ya no es una promesa. Salir a hombros en Valencia y Madrid da caché de figura pero, a cambio, obliga a dar la cara todas las tardes.
Por lo que se le vio en su época de novillero es un torero capaz y con maneras pero que durante dos años no dijo nada hasta que se plantó en el ruedo venteño dispuesto a triunfar o morir. Tras aquel triunfo, que le abrió las puertas de todas las plazas, hubo que esperar a las últimas fallas para que pudiese volver a estallar la pasión talavantista y el día de su confirmación reventó otra vez Las Ventas, aunque cuentan que su triunfo llegó sólo muy a última hora y con el beneplácito de una afición tan caprichosa como desconcertante.
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