Un pitón en la boca y el hocico en las rodillas. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 26/05/2010
 
No hay éxitos taurinos en las portadas de los diarios, por apoteósicos que fueren, al menos al tamaño de Julio Aparicio con la boca reventada. Vende la sangre y la controversia, y se sigue fomentando que así sea.
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Ha sido sin duda la noticia taurina de la pasada semana. Quizá la del mes. Por lo espectacular y horroroso del impacto quién sabe si, incluso, la noticia del año. Una imagen vale más que mil palabras, y la instantánea captada por los compañeros gráficos era dramática, aterradora. Julio Aparicio pendía de un pitón colgado por la barbilla. El cuerno entró por el cuello, casi por la nuez, y, afortunadamente, salió por la boca.

A mí no me gustó verlo. De hecho se me sigue erizando la piel sólo con pensar en ello. Pero, sin duda, era impresionante, y la noticia no iba a dejar indiferente a nadie. El Mundo, El País, ABC y La Gaceta, cuatro de los seis periódicos de difusión nacional se decantaron por la foto del diestro atravesado como página de portada.

¿No debería haber prevalecido el derecho a la intimidad de Aparicio? Evidentemente lo que debe imperar es el derecho a la información, y el torero no se encontraba en un momento de su vida privada si no desarrollando su actividad laboral. Por lo tanto era una foto informativa que reflejaba el efecto de los riesgos a los que se somete un hombre cuando se pone delante de un toro.


Sin embargo, sólo un día antes Julio Aparicio había cortado dos orejas en el majestuoso anfiteatro romano de Nimes y nadie le dedicó la primera página, aunque entonces el torero también se encontraba desarrollando su actividad laboral y, además, con notable éxito. Tampoco la ocupó un arrasador Morante de la Puebla, que el pasado domingo enloqueció a propios y extraños en el mismo coliseo para acabar cortando un rabo. En este caso las fotos también eran impresionantes, y había para elegir, aunque sin duda la más sensacionalista era la del torero sentado en una silla con el hocico del toro apoyado en sus rodillas momentos antes de derrumbarse. Pero nada. La original instantánea no ocupó la portada.

Lamentablemente se le ha brindado más papel al torero catalán Serafín Marín, que para reivindicar la Fiesta en su tierra hizo el paseíllo con una barretina por montera y liado con una señera en vez del capote de paseo, que a cualquier éxito en los ruedos, por apoteósico que haya sido. Vende la sangre y la controversia, y se sigue fomentando que así sea. Y falta información rigurosa, seria, comprometida y también original. Quizá sea que falta afición desinteresada entre los críticos taurinos y, sobre todo, entre los patronos de los diarios.

... El toro apoyando su hocico en la rodilla del torero, ¡menuda foto!


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