El regreso de José Tomás, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 04/04/2007
 
La vuelta a los ruedos de José Tomás, todo un acontecimiento, debe aprovecharse para reivindicar el espacio que la fiesta de los toros merece en los medios de comunicación.
Tras varios años de espera, de especulaciones y de fantasías, por fin, el esperado, el deseado, José Tomás, ha decidido volver a torear vestido de luces.

Su vuelta a los ruedos -de lo más oportuna: cuando arreciaba otra campaña contra los toros en Cataluña- en Barcelona ha demostrado varias cosas. Por una parte la perentoria necesidad de nuevos toreros capaces de ilusionar a la gente; la no menos urgente aparición de competencia que lleve la pasión a los tendidos y, sobre todo, que este espectáculo -no se olvide que es el segundo en asistencia de público tras el fútbol- disponga y disfrute de una cobertura en los medios de comunicación acorde con su capacidad de convocatoria.

Por que el anuncio del retorno del torero de Galapagar ha trascendido de los espacios -exiguos y muchas veces sesgados- meramente taurinos y sí ha provocado una cierta repercusión en tribunas más generalistas. Pero lo ha sido como la excepción que confirma la regla y, también esto hay que tenerlo en cuenta -no en vano el enorme tirón que ha tenido y tiene José Tomás entre los aficionados-, por el apoyo prestado por personajes habituales de la prensa más marrón que rosa ¿Hubiese sucedido lo mismo si José Tomás hubiese salido de copas, y fotografiado en tal empresa, con, por poner un ejemplo, Luisma Lozano en vez de hacerlo con Joaquín Sabina?

Uno de los grandes males de la fiesta, a día de hoy, es su falta de proyección fuera del ámbito estrictamente taurino, algo provocado como estrategia de los mandamases del tinglado que no quieren que nadie meta la cuchara en lo que estiman como monopolio y botín para su exclusivo provecho, dando forma a un círculo vicioso del que parece complicado salir.

Es preciso que el mundo de los toros rompa ese cerco autoimpuesto y se expanda mucho más allá de los límites que marcan los taurinos. Y para ello se precisan, además de nuevos valores, nuevas fórmulas que acerquen de verdad este espectáculo al gran público y no quede marginado como algo residual de un tiempo definitivamente pasado.

El ejemplo de la vuelta de José Tomás podría servir de arranque y no como mera anécdota y acontecimiento puntual.

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