Tras los charlatanes llegará la calma. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 09/03/2010
 
“Los toros es la fiesta más culta que hay”, la frase la inmortalizó Federico García Lorca, y Ortega y Gasset predijo que “quien quiera saber cuál es el estado de España sólo tiene que asomarse a una plaza de toros”. ¡Cuánta razón tenían!
avance El panorama es desolador. No cesa de llover sobre mojado en gran parte del territorio español. El suelo no traga más. Inundaciones y desbordamientos se suceden en muchos pueblos del sur de la península. El campo está anegado y los toros de las ganaderías andaluzas, salmantinas y extremeñas están pasados por agua. Sus pezuñas reblandecidas llevan casi cuatro meses al baño María.

No es buen augurio para la inminente Feria de Fallas. La falta de pasto verde, de pienso seco y de ejercicio impedirá que los animales luzcan con todo su esplendor el remate físico que debieran haber alcanzado, y lo que es peor, el juego que puedan dar en la plaza vendrá marcado negativamente por la inmovilidad que impone el terreno fangoso y el frío clima. Esperaremos el milagro, y que la condición de “bravo” minimice todos los factores que juegan en contra del toro que se lidiará de inmediato.

Un milagro como ha acontecido la última semana en el planetario taurino nacional. Los toros han sido declarados Bien de Interés Cultural en las Comunidades de Madrid, Valencia y Murcia en respuesta a tanto abuso irreverente vociferado de forma impune desde el Parlament de Cataluña. Allí, los antis han vuelto a comparar a los aficionados con los maltratadores de mujeres o la ablación del clítoris, no sé si, por la misma regla, a las aficionadas con apaleadoras de hombres. Se ha sostenido que el trato que se le da al toro es similar a torturar a un anciano o un niño. Se ha asegurado que el toro es un animal doméstico. Que las sensaciones de los aficionados son equivalentes a las de la gente que graba con el móvil una pelea de chicas. Se ha afirmado que los toros mueren por asfixia y que las corridas maleducan a la población. Se ha expuesto que el estoque busca el corazón del animal atravesando los pulmones, cuando es justamente todo lo contrario, o que los espectadores vamos a la plaza a divertirnos con la tortura.

Y digo yo, ¿ante tanta mentira insostenible y desmontable desde la base, no sería posible denunciar a todos estos charlatanes por difamación malintencionada y premeditada? No me preocupa demasiado lo que piensen cuatro incoherentes que hablan desde el desconocimiento más absoluto, que comen carne y que calzan zapatos de piel. Lo que me fastidia es que sus patrañas queden indemnes y que tengan derecho a voto a pesar de su ignorancia supina.

De todos modos, y siendo sincero, no me inquieta el tema antitaurino catalán. Sigo pensando que toda esta maniobra va a producir el efecto contrario al buscado, es decir, que va a servir para fortalecer la fiesta taurina a todos los niveles. Los vascos fueron los primeros en mostrar su consensuado sentimiento pro-taurino frente a posibles ataques políticos. Andalucía considera que los toros son un bien patrimonial, y Extremadura un bien de interés económico. Ahora, Madrid, Valencia y Murcia le han otorgado una categoría cultural jamás alcanzada hasta el momento.

Pero nunca llueve a gusto de todos y ya hay quien ha alzado su voz considerando tal declaración como excesiva. Pero, con todos mis respetos y gustos a parte, ¿es que alguien duda que los toros son cultura? ¿Acaso no inspiraron a Goya y a Picasso, y a Valle Inclán, a Alberti, a Pérez de Ayala y a Lord Byron, a Hemingway y a Orson Wells, a Pemán y a Foxá, a Bizet y a Manuel de Falla, a Camarón y a Vanesa Paradís, a Benlliure, a Bergamín...? Camilo José Cela soñaba con enfundarse el traje de luces y torear por derechazos y naturales. ¿Existe alguna otra manifestación que inspire tanto arte y cultura como lo ha hecho la tauromaquia? Con total seguridad no.

“Los toros es la fiesta más culta que hay”, la frase la inmortalizó Federico García Lorca, y Ortega y Gasset predijo que “quien quiera saber cuál es el estado de España sólo tiene que asomarse a una plaza de toros”. ¡Cuánta razón tenían!

Por mi parte estoy convencido de que la tauromaquia seguirá emocionando a los aristas, y de que en Cataluña, tras la tempestad, seguirá habiendo toros. Sólo falta que llegue la calma, que deje de llover y que los toros embistan en la feria fallera que a punto está de comenzar. Mientras el toro se mueva, se moverá la Fiesta.



(Foto 3: Picasso vestido de torero junto a Luis Miguel Dominguín)



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