Las cuatro patas del toreo
Por Ricardo Díaz-Manresa 30/01/2006
 
Me imagino que las cuatro patas del toreo son los de una gran mesa de un gran banquete y las representan el toro, el torero, las empresas y los apoderados y, paralelamente, sostienen la mesa y cuidan de que no se rompa ninguna de ellas el público y los medios informativos.
O sea,  ¿el toreo también tiene cuatro patas como el toro?, ¿anda y se mueve así?. No exactamente. A veces, sí y a veces, no. No hay verdades absolutas, ni hechos mayoritariamente idénticos, ni todo es bueno o malo en ningún caso. Hay luces, sombras, términos medios, blancos, negros y grises. Lo que parece claro es que el taurineo a veces da la sensación de que va a cuatro patas.
 
Me imagino que las cuatro patas del toreo son los de una gran mesa de un gran banquete y las representan el toro, el torero, las empresas y los apoderados y, paralelamente, sostienen la mesa y cuidan de que no se rompa ninguna de ellas el público y los medios informativos.
 
En el 2006 ?año quizá más difícil que los anteriores porque podemos ir en caída libre- necesitamos un toro que nos dé miedo ?no terror- al verlo desde los tendidos  con dos pitones y el trapío necesario y nos deje claro que no seríamos capaces de bajar y ponernos delante, toreros deseados porque no nos aburren, empresarios que sean apoderados del público defendiendo sus intereses y apoderados que cuiden la cantera, descubran toreros y no sean funcionarios de las empresas.
 
Y un público convertido en oposición responsable y justa, que sepa de qué va y defienda sus derechos. Y representantes de los medios informativos que tengan afición y decencia. Hay de todo, pero existen algunos grandes culpables, tumores o cánceres declarados, enquistados tanto tiempo que parecen siglos, que han hecho todo el mal que se puede hacer y se alojan principalmente en la radio. Nadie los mueve, ni la suprema ley de vida del cambio generacional. Reparten impunemente veneno y mentiras. Y no valen contra ellos denuncias ni pruebas.
 
Una mesa, en fin, que parece tener las patas corroídas y puede derrumbarse cualquier día. El toro ha mejorado algo pero dista de lo bueno ; los toreros son cuatro con el atractivo prácticamente caducado, las empresas no ayudan y los apoderados apenas existen. Mientras tanto, el público da dinero para arreglar la mesa e incluso para adquirir una nueva pero los medios informativos no ponen ni el pegamento para sujetarla.



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