Feria de Invierno en Madrid, novedad en la capital de España, experimento que había que hacer para comprobar la respuesta del público, que el primer día no respondió. El Palacio de Vista Alegre es el escenario.
Los toros del frío marchan hacia Madrid
por Ricardo Díaz-Manresa
08-febrero-2010
Esto es nuevo. Feria de Invierno en un recinto, el Palacio de Vista Alegre de Madrid, bien calentito. Son los toros del frío que van para la capital de España a abrir un nuevo frente positivo, en aquellos terrenos históricos de la plaza de Carabanchel, cantera de canteras, también llamada Chata por su falta de gradas y andanadas. Cuna de toreros, plena de sabor, sala de aficionados ansiosos de nuevos valores, lugar de otros tiempos.
Los nuevos la convirtieron en una Palacio más de deportes que de toros. Plaza de toros original convertida sobre todo en cancha de baloncesto y en escenario de conciertos, mítines políticos, acontecimientos deportivos de variedades y toda clase de eventos –como se dice ahora en palabra cursi- de la modernidad, real o supuesta, progresista o regresista...
En definitiva, un recinto multiusos, que es lo que pide hoy el cuerpo a la gente y lo que es necesario para la rentabilidad de un edificio, apartados ya de la circulación –o en muerte por asfixia- aquellos cosos centenarios que se usan dos o tres veces al año para seguir la tradición taurina.
Pues bien, hacia el recinto más moderno de usos múltiples de la capital española marchan los toros del frío. Toros en invierno a lo que no estamos muy acostumbrados, sí en la región de Madrid -Valdemorillo y Ajalvir como referencias- pero no en el terreno municipal de la capital de las Españas, expresión que hoy se comprende más que nunca : España en plural, varias Españas, más de una España.
En principio, el experimento ha chocado con la mentalidad del aficionado. El cartel de apertura, el primero de los celebrados, una de rejoneadores con Luis Domecq, Andy Cartagena y Diego Ventura no tuvo demasiado éxito de público y, en consecuencia de abono, que ya fue cerrado en su día.
Un cartel de acabar los boletos si se da en San Isidro, pero aquí ni la elegante frialdad y maestría del Domecq, ni la veteranía y grandeza de Cartagena ni el arrebato original de Diego Ventura (el de más atractivo después del maestro Hermoso, el gran Mendoza) llevaron al público a la barriada de Carabanchel.
Se notó el frío del Domecq, la media temperatura que irá a más de Andy y, por supuesto, el calor de Ventura, con el que no puede frío alguno, incluso en este tiempo y en escenarios que no invitan a que nos derritamos. Pero es un buen experimento, por si prende y se consolida, aunque ahora con la crisis y pensando en el abono de Madrid y que vas a ver a los mismos dentro de poco tiempo, con más toro, deja posiblemente algo fríos también a los que tienen que pagar el abono cautivo de Las Ventas en dos meses más menos.
El experimento hay que vivirlo todavía, no hemos degustado más que el aperitivo, apartado demasiado de los grandes días que han de venir, sobre todo el último fin de semana de febrero, y por lo tanto tenemos que esperar a los grandes carteles para poder opinar con argumentos.
Y está la televisión, que también echa un poco para atrás a los aficionados de más edad. No sé cómo irán los del canal taurino de siempre, pero están atosigando con las promociones, señal de que hace falta más madera que haga rentable la marcha de los toros del frío hacia Madrid.
También habría que reseñar la lejanía de Carabanchel, que a más de uno le dará pereza para acercarse. Lejanía, muchas estaciones de metro, falta de costumbre…En fin… Pero los jóvenes del baloncesto no tienen ese problema…
El primer día me han contado que el equipo televisivo tuvo algunas dificultades técnicas, que no las vi, aunque en el Palacio están hartos de transmitir toda clase de acontecimientos difíciles, pero se conoce que el equipo del Niño de Alquerías también estaba frío. Igual que el comentarista invitado, que siempre pone el mismo entusiasmo perfectamente descriptible.
Al final, ví dos toros de la repetición y creí oir y apreciar que mientras hablaban de la ganadería de San Pelayo en los rótulos salía San Mateo. Se confundirían de santos.
Parece claro que el frío es muy malo y sin calefacción ni ropa de abrigo no te digo nada.
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