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El año de la crisis, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 07/01/2010 |
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Pese a las contrariedades originadas por la recesión económica hay que ver la parte positiva de este bajón.
No cabe duda que 2009, todo lo que a lo largo de sus 365 días sucedió, estuvo marcado por la crisis económica. Bache que en España tuvo una mayor repercusión que en otros países de nuestro entorno y una especial incidencia en el mundo de los toros, sector este que aquí, pese a la poca atención que se le presta desde la administración hasta los medios de comunicación pasando por los propios gestores del mismo, representa el segundo espectáculo con mayor número de espectadores y genera un volumen de negocio muy importante.
Sin embargo -y esto es algo consustancial a todas las etapas de recesión económica y, en cierto modo, positivo- este bajón sirvió, o debería servir, para poner algunas cosas en claro.
Para empezar, en 2009 disminuyó el número de festejos celebrados en plazas españolas y que en los últimos años había alcanzado cifras nunca vistas. Algo que tampoco encajaba con la realidad, puesto que buena parte de aquellos festejos no respondían con una demanda del público y sí a una clara manipulación, siendo muchísimos los montajes y corridas organizados sin otro afán que cobrar a los participantes en los mismos, cuyo esfuerzo -económico y físico- nunca tendría recompensa, ni en reconocimiento profesional ni, mucho menos, en beneficio contable ¿Hay, por tanto, que lamentar que muchos de estos montajes hayan desaparecido o tengan que desaparecer? No. Hay que recordar también los perjuicios originados por estas componendas -en Benidorm y Játiva, por ejemplo, saben algo de esto- y dejar que sea la propia necesidad del mercado -y el sentido común- quien marque la intensidad de la producción.
Sobraron, después, muchos toros. Quiero decir que se quedaron sin vender muchas reses, algo obvio al darse menos corridas y también lógico si se repara en el aumento desproporcionado de nuevas ganaderías, la mayoría producto del capricho de nuevos ricos beneficiados de pelotazos derivados del ladrillo , sin tradición, preparación ni dedicación. Tampoco vendrá mal una limpieza en este sentido. En cualquier campo hay que confiar siempre en profesionales y dejar fuera a advenedizos y figurones.
Por último muchos fueron los matadores y novilleros que vieron limitadas sus posibilidades de actuar. Si bien es cierto que al no darse tantas funciones las oportunidades de torear bajaron, sobre todo para aquellos diestros de segunda o tercera fila o que andan intentado abrirse camino. Pero no deben llamarse a engaño. Tomar parte en corridas en las que hay que pagar para torear no suele dar beneficio sino a quien las organiza y no a quien en ellas torea. Aquí habría que hacer una llamada a los principales gestores del negocio para buscar nuevas fórmulas de promoción y fomento de nuevos valores, pero teniendo siempre en cuenta que es quien paga en taquilla quien señala a quienes hay que poner en los carteles.
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