Esto es lo que hay, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 23/03/2007
 
El éxito de público obtenido por los mal llamados "toreros mediáticos" deja clara una cosa: la gente acude a ver lo que conoce.
Tras las primeras ferias de la temporada, cuyo inicio estuvo marcado por el tira y afloja mantenido por empresas y toreros en cuanto a honorarios, quedan claras algunas cosas. Por ejemplo, que quien tiene la última palabra es, naturalmente, el público.

Es muy frecuente que los responsables de este negocio olviden que quien mantiene todo este tinglado es quien pasa por taquilla y se deja sus buenos duros -bueno, ya habrá que empezar a usar euros- para ver un espectáculo al que sólo le obliga a asistir su santa voluntad.
Y quien va a los toros sabe a lo que va y lo que va a ver, no quepa duda, siendo, por su nula repercusión, de poca influencia la insistencia publicitaria que se haga en los medios especializados sobre las excelencias de tal o cuál diestro.

Tampoco sirve de mucho, a la hora de ajustar retribuciones, el que un apoderado insista en que su poderdante se los pasa muy cerca, que se arrima como un león o que se juega el tipo en cada muletazo. El público, que es quien llena las plazas, no el aficionado, que son cuatro y muchas veces entran gratis, la masa, la gente, el espectador anónimo y sin carnet de ?buen aficionado?, ignora esas soflamas -la mayoría de las veces por que no llegan a sus oídos- y acude a lo que le es más cercano.

Muchos se han asombrado de que se acabase el papel en Valencia y Castellón para ver a Jesulín, El Cordobés y Rivera, tres toreros tenidos como ?vulgares? por los especialistas y aficionados autocalificados de postín. Pero lo que sucede, al margen de que, por ejemplo, Jesulín sea un magnífico matador poseedor de un envidiable temple, resulta que son tres diestros que la gente conoce por que salen en la tele y en programas de gran audiencia, por más que su contenido sea cochambroso y muchas veces repugnante -esto es lo que hay-, quedando sus figuras en la memoria colectiva que los reconoce más y mejor que a un fino estilista o depurado intérprete del natural que sólo aparezca en exclusivas entrevistas pactadas para un programa de radio que se emite a las tres de la madrugada o para una revista dirigida a los ganaderos, empresarios y apoderados.

Comentarios

Sin comentarios