Año más peligroso que aburrido, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 21/11/2009
 
En el 2009 las fuerzas antitaurinas siguieron avanzando. Y sólo hay dos maneras de pararlas : con todos los argumentos que tenemos y ofreciendo un espectáculo auténtico. El ambiente pro animal es peligroso.
Año más peligroso que aburrido
por Ricardo Díaz-Manresa
21-noviembre-2009

Fue un año aburrido en la plaza y peligroso fuera de ella. Los fantasmas antitaurinos crecen, el aire se vuelve contrario en muchos lugares, hay una creciente oposición al espectáculo, nos van minando poco a poco y hacemos el Tancredo. No tenemos defensa, ni estrategia, ni programa ni objetivos.

Lo peor no es que los enemigos sean cada vez más y se dejen ver con descaro, sino que hay un no sé qué en la sociedad que se distancia cada vez más del hecho taurino. Lo vengo escribiendo hace años : el pueblo está cada vez más lejos de la corrida, esa parte del pueblo que lo considera pasado de moda y de tiempo, aunque –gracias a Dios- otro gran número de españoles lo sigue, lo cuida, lo mima, lo paga y lo conserva.

Pero me preocupa mucho el colectivo que lo desprecia, no lo entiende o directamente trabaja por su desaparición. Eso es lo peligroso. Por eso, la temporada fue aburrida al no embestir los toros, pero fue peligrosa al seguir aumentando el número de termitas que nos corroe.

Los antitaurinos no razonan, no se puede hablar con ellos, quieren degollar y quitarnos del mapa. Con violencia y desprecio.

No es que haya menos festejos –reiterado está el bajón por la crisis, pero ¿sólo por la crisis o se ha utilizado la dichosa crisis para rebajar?-, se reduce –también por la crisis- el presupuesto para toros en Madrid y Comunidad y nos tenemos que tragar noticias poco positivas en general para esperar un 2010 feliz.

Menos mal que el caso de Barcelona –peligroso donde los haya- nos da algunos detalles de alegría, parece que hay reacción y que puede salirse del negro túnel. Pero ya ven, los mayores del PSOE están luchando a favor mientras sus Juventudes se muestran en contra. Ahí está el peligro.

Al final, los antis cantan la gallina. Recuerden a la Sociedad Protectora de Animales de Francia denunciada por cargarse 3.000 mascotas. Mucho hablar pero, la crueldad que nos achacan, ellos la multiplican con un cinismo que remueve la sangre.

Y así todo. Esta sociedad acepta y alienta el número de abortos de todos los días y los muertos en la carretera de cada finde, pero se pone de uñas al pensar que un toro o un perro pueda sufrir lo más mínimo.

Y, si se lo dices, te responden que nada tiene que ver. Parece que, para ellos, las personas no son sagradas. Lo animales, sí. Incluso –a veces- en la plaza, si un toro se parte un pitón o una pata, se oyen más gritos de repulsa y de horror que en la cogida de un torero.

La sociedad, al menos la española, lleva un camino loco. No sé cómo terminará todo, pero el sentimiento proanimal se extiende. Los execrables torturadores son los toreros frente a los pobrecitos toros. Y la verdad no sé cómo se puede parar este sentimiento pero algo hay que hacer.

Para arreglarlo, la información se reduce y poquito a poco se van achicando los espacios en prensa, radio y televisión. Mala, muy mala señal. Es todo un movimiento que avanza lenta pero sañudamente.

Menos mal que tenemos los portales taurinos, con muy buena, abundante, fresca y completa información que nos ponen al día, pero hace falta todo, lo tradicional y lo digital.

Nos tenemos que mover, apelar a la libertad de expresión, reivindicar nuestro poder de elección, señalar que las prohibiciones –salvo en casos manifiestamente dañinos para el bien común- siempre son dictatoriales, exigir una democracia de verdad (no la partitocracia corrupta que padecemos), recordar el cuantioso número de votos del que disponemos, reseñar al altísima cantidad de puestos de trabajo que ofrecemos, mostrar los beneficios que el turismo de los toros añade a la economía española, repasar el plus ecológico que tantas ganaderías dan a la vida nacional, abrir los ojos a los ecologistas por la aportación del campo bravo al medio ambiente, pensar en las numerosas obras literarias y artísticas que el toreo ha aportado y aporta a la cultura española, dar publicidad a los estudios científicos que demuestran que el toro no sufre y cien mil cosas más que están ahí y que la sociedad debe conocer.

Y, sobre todo, presentar un espectáculo digno, honrado y verdadero para que la sociedad del siglo XXI sepa lo que es una auténtica corrida de toros. Nunca pantomimas.


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