Radiografía de la feria de Fallas, por Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 20/03/2007
 
Han terminado las Fallas. Ojalá la feria de Julio suponga un éxito de público tan importante como ha sido este ciclo de San José (y ojalá se mejore en otros apartados. Debería ser así).
No es fácil analizar una feria en una simple columna de opinión. Pero, aún sabiendo que no profundizaré todo lo deseable en el tema, intentaré ser escueto y conciso para, a grandes rasgos, dar mi opinión sobre la recién finalizada feria de Fallas.

Lo primero que me viene a la cabeza, como a la mayoría de ustedes, es la escasez de orejas cortadas a lo largo del ciclo. Pero resulta, que aún siendo menos de las que todos desearíamos, son más de las que se han merecido en el ruedo.

Vamos por partes. Por un lado está el factor toro, que no ha sido especialmente brillante a lo largo del ciclo. Se han lidiado 60 toros, de los cuales hay que destacar con sobresaliente a un sobrero de Martelilla, con el que estuvo mal Rivera Ordóñez, otro sobrero del mismo hierro al que Ambel Posada cortó una oreja y otro extraordinario de El Torero, del que Juan Ávila también se llevó una oreja. Ha habido toros notables, como el de Núñez del Cuvillo al que Talavante cortó las dos orejas o el de Fuente Ymbro al que hizo lo propio Perera, y buenos toros a secas; recontando me dan unos siete repartidos entre varias divisas. En total una docena de toros que debieron se arrastrados sin los apéndices auriculares. Mención aparte merece la novillada de El Torreón, extraordinaria como pocas veces se ha visto y a la que sólo se cortaron dos orejas.

Pero a lo que íbamos, doce toros es el 20% de los que se han estoqueado en el ciclo. Unos pensaran que son pocos y otros que son bastantes. Lo cierto es que con ellos se consiguió un balance de trofeos muy pobre.

Vamos a otra cosa. Decía que, aún así, se han concedido más orejas de las merecidas. Y es que la disparidad presidencial ha sido demasiado notoria y evidente para una plaza de la categoría de la de Valencia, al menos para la categoría que deseamos para ella. Según el usía que subía al palco los trofeos estaban a uno u otro valor. Se han otorgado orejas sin una petición realmente mayoritaria. Se han otorgado orejas después de bajonazos infames. Se han otorgado orejas por faenas con no más de un par de tandas buenas. Se han otorgado orejas populacheras, las mismas que se hubieran concedido en la plaza del pueblo más desconocido de nuestra geografía. Es cierto que algún día los trofeos han estado más caros, y esa disparidad no es buena para nadie, ni para los toreros, que con los mismos méritos son premiados de distinta forma según quien ocupe la lonja presidencial, ni para la plaza. Sin ánimo de entrar en polémicas, pienso que el equipo presidencial debería reunirse, analizar, recapacitar, ver vídeos y unificar criterios para próximos festejos. La imagen de plaza de categoría primero se debe dar desde dentro.

Más cosas; los matadores. Pienso que en general han dado sensación de esforzados, eso que tanto gusta en Valencia ('molt bé, el matador ha estat treballador') y que a los más aficionados les da un poco de grima. El torero debe estar artista o valiente, debe crear emoción, debe estar inspirado. De esos, en la feria hay que rescatar a Talavante, poco dominador y poco templado pero terrible e incuestionablemente bizarro y emocionante; a Perera, que firmó las dos tandas de derechazos más largas y templadas del ciclo, a José Calvo, que causó un nuevo impacto con su toreo sentido y también su valentía, a El Califa, que parece que vuelve a querer ser quien fue toreando al natural, a Manzanares, más maduro y profundo que nunca, y hasta a David Esteve, que habrá que darle un voto de confianza después de mostrarse sereno y clarividente en día de tanta responsabilidad como el de su alternativa.

Y para terminar este análisis radiográfico, el público, que ha llenado la plaza hasta las banderas en siete ocasiones y que ha acudido en masa al resto de festejos. El público ha estado de dulce, como dicen los toreros, ha pedido orejas a cuento o sin él, ha vibrado, ha solicitado música, unas veces oportunamente y otras demasiado pronto, se ha divertido, ha pitado a los toreros menos 'trabajadores', ha aplaudido a sus ídolos? y todo ello pese a que faltaban César Jiménez y Sebastián Castella, que si llegan a estar? y pese a la ministra Narbona, que imagino estará mirando hacia otro lugar.

Han terminado las Fallas. Ojalá la feria de Julio suponga un éxito de público tan importante como ha sido este ciclo de San José (y ojalá se mejore en otros apartados. Debería ser así).



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