Mañicos de roca o de mantequilla, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 29/10/2009
 
El público de Zaragoza ha experimentado un cambio espectacular. Era muy duro y ahora parece de nata. Un público aplaudidor y complaciente que pide muchas orejas sin fijarse dónde cae la espada.
Mañicos de roca o de mantequilla
por Ricardo Díaz-Manresa
29-octubre-2009

Ser de roca y convertirse en mantequilla es una metamorfosis muy espectacular. Es difícil que ocurra. Pues bien, ahí tienen a los aficionados mañicos que pasaron de duros y hasta crueles a aplaudidores de todo y pideorejas.

No sé si, en Zaragoza, la cubierta de la plaza o el cambio de clima les ha cambiado el ánimo, pero no se parecen en nada a los de hace unos años. También es verdad que ya nada es igual . Y el paso del tiempo transformó, como un calcetín, a los aficionados de la Misericordia.

Antes, sin cubierta, en los tiempos que hacía frío, el cierzo pegaba inmisericorde, los toreros estaban a merced del viento, los pocos grados cabreaban al personal y el toro tenía, como ahora, casi siete meses más que en Sevilla el ambiente era tremendo. Había muchas cornadas y se oían muchos gritos, lo que desestabilizaba todavía más el ánimo de los toreros.

Y se cogían buenos resfriados por muy abrigado que fueses. Un año, al salir de la plaza, me fui corriendo a una farmacia de la Calle Alfonso, cercana a mi hotel, a que me dieran medicinas. Creía que la pulmonía se había cebado conmigo. Así las gastaba el tiempo. Así era Zaragoza entonces.

¿Zaragoza?. Paquito Esplá, al que este año le han aplaudido tanto por su voluntad y su despedida, la llamó Zaraguasa, y estuvo temporadas sin ir porque el nuevo bautizo, el de la guasa, no le sentó bien a los mañicos. Hasta tal punto llegaba la exigencia de la plaza.

Entre eso, en que era la última, en que había toro esperando y que se juntaba el hambre con las ganas de comer, empezó la tradición de eludir esta feria y de no poner los pies en aquella arena.

Todo ha cambiado. Ahora son amables, aplauden sin parar, piden las orejas como cosacos y enfrente hay dos en el palco que un día por justicia, otro por prestigio, otro por cabezonería, otro por inoportunidad y otro por incompetencia, falta de sensibilidad o autoritarismo no las dan.

Zaragoza ha sufrido una transformación. O transfiguración. Pasamos de mañicos de roca a los actuales de mantequilla.

Eso sí, están bien educados por los Manolos de la tele, que siempre quieren dar las orejas a pares, ponen verdes a los presis, les da igual dónde caiga la espada, no les importa que un matador oiga los tres avisos fatídicos y les encanta que esto vaya como va. Tienen el estómago y los bolsillos llenos.

Y un ruego. Queridos mañicos : habéis perdido mucho pero nunca –no, por Dios- el compás en el toro de la jotica. Veo y oigo a cada uno por un lado. Y eso no, porque están bien marcados los pasos para las palmadas. No nos quitéis el encanto del sexto.



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