Yo quiero ser el asesor 657. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 27/10/2009
 
Lejos de mejorar, la crisis sigue estrujando a los menos afortunados. En el planeta taurino bajan los festejos celebrados y sube el número de toros que se queda en el campo. Pero nuestros políticos siguen viviendo a un ritmo muy distinto al del resto de ciudadanos (más elevado, se entiende). ¡Ah!, y Rivera pone el dedo en la ceja, digo en la llaga.
avance La crisis causa estragos. Y la cosa, por mucho que certifiquen lo contrario los políticos, no tiene visos de mejorar en breve. Me lo cuenta un amiguete dueño de un restaurante, que me asegura que los bares son el mejor termómetro económico de un país y que la gente sigue sin alegría a la hora de gastar en el arte del buen yantar.

El asunto taurino no escapa a la recesión. En 2009 el número de festejos respecto al año pasado ha descendido en 445. Lo han notado especialmente en plazas de pueblo. Ayuntamientos y diputaciones tienen menos pasta y recortan en materia taurina, lo que ha supuesto que en cosos de tercera categoría se hayan celebrado 413 espectáculos menos. El resultado es que los toreros pobres han visto disminuir sus oportunidades y, además, son ahora más pobres, y que las ganaderías no han dado salida a los toros que, por edad, deberían haberse lidiado este año.

Sin embargo, el mundo taurino es poco dado a la queja. No contestamos a los antitaurinos cuando provocan a las puertas de cualquier plaza, ni protestamos exigiendo subvenciones y ayudas cuando las cosas se tuercen económicamente. Al contrario, en los toros se paga más IVA que en el resto de espectáculos y, a la hora de organizar un festejo, se tienen que abonar por adelantado todo tipo de impuestos, aranceles y gravámenes para conseguir los permisos pertinentes. A veces no sé si somos muy buenos o muy tontos.

La pasada semana vi en televisión los duros enfrentamientos entre la policía y los agricultores de Reus, que se habían concentrado ante la oficina comarcal de Agricultura de la Generalitat reclamando precios justos para los productos de la tierra. Los payeses lanzaron patatas, avellanas y tomates al edificio oficial en señal de protesta, lo que acabó en desproporcionadas cargas policiales contra labradores jóvenes y mayores, incluso algunos ancianos. Pedían soluciones y obtuvieron golpes de porra. Los agentes, amparados en que había que proteger los bienes públicos, agredieron a todo lo que se movía, también a los periodistas, un hecho intolerable en un país democrático. Esta es la política que tenemos.

No defiendo yo ningún tipo de agresión contra organismos gubernamentales, pero si de vez en cuando, en vez de tirar patatas soltásemos un toro por el Ministerio del Interior, lo mismo nos hacían más caso. Y algo parecido a un toro es lo que ha soltado por su boquita Francisco Rivera Ordóñez, que ha acusado a Zapatero de ser el antitaurino número uno y el más dañino. Valiente, muy valiente ha estado Rivera Ordóñez metiéndole el dedo en la ceja al presidente del Gobierno.

A propósito, Zapatero cuenta con un séquito de asesores que asciende nada menos que a 656 personas que cuestan al Estado unos 28 millones de euros anuales, es decir, que el sueldo medio es de 3.600 euros mensuales por asesor, lo que representa un aumento del 5,1% respecto a la misma partida presupuestaria en 2008. Por si fuera poco, presidencia tiene una dotación diaria de 6.000 euros para protocolo: comidas, cenas, regalos... La crisis económica y el paro semejan conceptos ajenos a los altos ejecutivos de la Administración Pública y la tan manida austeridad parece únicamente una palabra de hoja caduca.

Sólo espero que en la nómina de funcionarios “dedocráticos” figure el Mago Merlín como nuevo asesor de futuro del presidente Zapatero y que tenga la solución para salir de la crisis. Que los restaurantes vean incrementar el número de comensales, que los labradores cobren el precio justo por sus cosechas, que la policía cargue sólo contra asesinos y terroristas y que detenga a los malos malísimos, y a los prevaricadores, que los ganaderos de bravo puedan rentabilizar su trabajo, y que no tenga por qué ser una labor exclusiva de gente rica dispuesta a dilapidar su dinero por afición soportando el gasto que supone la cría del toro y, además, siendo guardianes de los hábitat de flora y fauna más naturales de la península.

Que Merlín nos libre de nacionalistas que pretenden cargarse la Fiesta simplemente por su connotación españolista, y ojalá consiga que Zapatero y Rivera Ordóñez hagan las paces y queden un día para ir juntos a los toros. Si todo esto se cumpliese, la fortuna que se destina a los sueldos de los asesores sería el dinero más bien gastado de la era ZP. Por cierto, ya era hora que saliese algún torero respondón.


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