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Valencia, nueva opinión de Paco Delgado.
Por Paco Delgado 26/10/2009 |
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Valencia no es sólo la feria de fallas, tal y como pretende el nuevo taurinismo. Valencia es una plaza grande y como tal exige un empresario grande y capaz.
Cuando la temporada española se apaga, todo el mundo mira hacia Valencia. El nuevo concurso de arrendamiento de su plaza ha provocado que las gentes del toro se interesen por la posibilidad de dirigir la que, tras las de Las Ventas y la Maestranza, es la plaza más importante de España. Más importante por lo que en ella se ofrece y por lo que en ella se cuece.
Y ya andan los taurinos dando cuartos a sus respectivos pregoneros para que aireen que esta plaza es muy difícil. Claro que es difícil, por eso tiene esa categoría. Conducir un coche de fórmula uno es complicadísimo y no está al alcance de cualquier aficionado que se acabe de sacar el carnet.
Dicen, y mandan decir, que es un pliego caro y que no tiene recompensa ¿Pero qué se pretende, que se deje la plaza, un bien público, gratis para que haya ganancias privadas? Cualquier empresario sabe, o debería saber, que para ganar hay que invertir. Y trabajar mucho y duro. Y eso es lo que hace falta para que Valencia sea rentable: trabajo.
Valencia, tal y como se pretende y busca desde hace ya mucho tiempo, no se puede limitar a las fallas. Eso es lo fácil. Montar una feria a principio de temporada, a la que todos quieren venir y echar el cerrojo hasta el año que viene. No. Valencia es otra cosa y es mucho más que eso. Valencia es julio, feria a la que hay que revitalizar y volver a dar su verdadera importancia. Valencia es octubre, cuya feria de la Comunidad debería ser potenciada y agrandada. Valencia es, desde luego, mayo y el Día de la Virgen, fecha dejada de la mano de Dios en los últimos años. Valencia es, sí, también, agosto, mes de vacaciones para los nativos pero que trae a esta ciudad miles y miles de visitantes que ven un magnífico monumento cerrado a cal y canto. Valencia es plaza en la que deben estar todas las principales figuras pero también debe servir para que los novilleros punteros y más prometedores expongan lo que valen. Valencia, claro, es también -como Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao o Zaragoza- merecedora de ser tenida en cuenta a la hora de televisar sus ferias y es, en definitiva, plaza que no está al alcance de cualquier aprovechado ni medianía. Requiere, como plaza grande e importante, un empresario grande e importante. Y que, como tal, sepa rentabilizar este coso.
También los partidos políticos de la oposición salen a hora explicando que el pliego tiene tal o cuál carencia, pasando de hacer las rectificaciones oportunas cuando se les dio el borrador para su consenso y cuando lo dieron por bueno en el Pleno que lo aprobó.
Son ganas de incordiar, de arrimar el ascua a su sardina en vez de arrimar el hombro y de sacar provecho -político- de una situación en la que está en juego el prestigio no sólo de una plaza de toros, sino de una ciudad. Como si el prestigio de Valencia fuese sólo cosa de los de enfrente.
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