Juan Posada "El Independiente", nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 17/10/2009
 
Juan Posada ponía un orden casi imposible entre quienes estábamos reunidos en torno a los cuernos profesionales que se ventilaban en las distintas ferias.
Conocí a Juan Posada de lleno en “El Independiente”, una de sus penúltimas aventuras periodísticas. Allí ponía un orden casi imposible entre quienes estábamos reunidos en torno a los cuernos profesionales que se ventilaban en las distintas ferias, especialmente en San Isidro, de las temporadas 1990 y 1991.
Los reunidos en la calle Marqués de Riscal eran Estrella Álvarez, Alberto Simón, Diego Lechuga, Juan del Val, y desde el exterior, Filiberto Mira y Paco Delgado, buen conocedor de esta casa.

Asistí a alguna corridas junto a él en su tendido bajo del 2 y, ciertamente, aprendí algunos conceptos para mí y para cualquier aficionado muy discutibles, pero que en su sinceridad eran creídos a pies juntillas. Por ejemplo, el de “perder pasos”, para él tan fundamental para la ligazón de las faenas. Se esforzaba a hacer paladear los pares de banderillas ésos en los que el banderillero se pasea por la jurisdicción de ambos pitones y los clava orientado en el de salida. Y decía después de ese par prodigioso: “Nada, se ha jugado el tipo y no se han enterao”.

Y aquellos años toreaba su hijo Toni Posada, y lo pasaban mal los dos. Y nos empeñábamos en hacer información de invierno. Y Juan se veía todas las corridas del mundo, un año incluso se dio en el periódico un festejo de Alcázar de San Juan. Y se peleaba mucho por la elección de las fotos en las corridas. Y el día 22 de mayo de 1991, un tal César Rincón, apoderado por el padre de Estrella, Luis Álvarez, cortó dos orejas a un toro, puede que de Murteira Grave, con un horrible vestido verde desvaído, y Juan, contento pero pensativo por su pasado, se quedó quieto a las doce de la noche y dijo: “Me cagüen mi puta madre, hoy hace años que tal día como hoy corté tres orejas en Las Ventas y salí a hombros de verdad”. Su pasado torero, su corto pasado torero siempre le persiguió.

Viajaba mucho con Curro Fetén y recordaba aquella tarde en que en un festival no sé dónde sustituyó a Paco Camino, ausente en el último minuto, pero nadie dijo nada. Hizo el paseo y la gente decía “hay que ver qué bien se conserva Paco Camino”. Y contaba cosas de su familia, que trabajó mucho en Gómez Cardeña a las órdenes de Belmonte.

Sabía mucho de toros, y tenía un genio del demonio jamás desarrollado con los amigos, era un carácter selectivo. Un abrazo amigo, en esta fecha probablemente también penúltima.

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