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El maestro de Algete, nueva opinión de Paco Delgado
Por Paco Delgado 16/10/2009 |
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Juan Posada, cocinero antes que fraile, torero y periodista, periodista y torero, no se rindió ante nada y marcó un nuevo estilo en la crónica taurina.
Pese a que es lo único que tenemos seguro en este mundo, nunca nos acostumbramos a la muerte. Siempre nos sorprende y jamás aceptamos lo inevitable. Pero en este caso nadie creía que esta visita llegase tan pronto. Juan Posada ha muerto. Y lo ha hecho peleándose contra ella. Como siempre hizo, no se había dado por vencido, pese a la desigualdad de condiciones en la que se encontraba. Pero no fue casta lo que le faltó a este torero reconvertido en periodista, aunque no renunciase a su condición primera, la de torero.
La dureza del toreo, las muchas y graves cornadas que recibió en su corta carrera en los ruedos terminaron alejándole de la que había elegido como profesión y en la que había despuntado no poco.
No por ello se rindió ni se dejó vencer por la amargura o el desánimo. Volvió a los libros y acabó por licenciarse en periodismo. Un torero periodista. O un periodista torero. en cualquier caso, su aparición en los medios de comunicación supuso una clara renovación en el arte de contar los toros.
También por que, valiente siempre, no se calló nada y decía las cosas como las veía y como las sentía. Y con mayor conocimiento de causa, pues había sido cocinero antes que fraile.
Diario 16, El Independiente, Radio Nacional de España, La Razón o Avance Taurino tuvieron el privilegio de contar con su magisterio. A través de sus crónicas se aprendía a ver una corrida y se comprendía mucho de lo que pasaba en la arena entre el hombre y la bestia.
Y es no callarse nada, decir las cosas tal y como las pensaba y veía, le valió algún que otro disgusto y la consideración de público y aficionados. Y ese no callarse nada le llevó a renunciar a escribir las crónicas de los festejos en que actuaban primero su hijo Antonio y, después, su nieto Santiago, no por miedo a ser duro con ellos, sino para que nadie dijese que había sido benevolente: “Muchos se están vengando en la persona de mi nieto, pero esos hijos de puta no van a poder conmigo”.
Se subía por las paredes con la injusticia y no comprendía muchas de las cosas que hacían quienes dirigen el negocio taurino.
Muchos hemos sido los que hemos tenido el privilegio de haber trabajado con él y no creo equivocarme si digo que todos hemos perdido dos cosas muy valiosas: un amigo y un maestro. En este último caso utilizando la mayúscula, Maestro. En la más amplia acepción de la palabra.
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