Pedradas de Juan Pedrisco, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 28/09/2009
 
Lo de Juan Pedro va tomando tintes ciertamente preocupantes. Toda una temporada de petardos, que se suman a los de la anterior temporada. ¿Por qué sigue lidiando tanto?
Pedradas de Juan Pedrisco
por Ricardo Díaz-Manresa
28-septiembre-2009

“Juampedradas” han titulado, con muy buen acierto y muy buen periodismo, los últimos fracasos de Juan Pedro. O sea, pedradas. Pedradas de Juan Pedro. Pedradas en el ojo, pedradas en la ilusión, pedradas en la afición, pedradas en el bolsillo, pedradas en el alma y en el cuerpo. Y además tirando piedras contra el propio tejado.

Salamanca fue la penúltima gran piedra contra el techo de esta tambaleante tauromaquia, que denigran más los que viven de ella cuando deberían ser sus máximos defensores. Lo de Albacete, y eso que hubo mitad por la lluvia, tampoco estuvo mal. Tiró las piedras con honda. La última ha sido este sábado en Sevilla con lo de Parladé.

Hay que ser coherente y no decir una cosa y hacer otra. La coherencia y la honestidad son virtudes excelsas para mí, pero Juampedrito escribe libros para defender la bravura y después echa lo que echa por esos chiqueros de Dios, con su nombre y con Parladé, y colma la irritación de los aficionados.

Y no es un día sino prácticamente todos. Si no, lean a Juan Miguel Núñez y entérense de dónde y cómo ha lidiado este año. Una lista completa, que nos echa la ilusión por los suelos, este que habla tanto del del toro artista y del toro bravo. O cambia o será siempre un cuentista.

Volvamos a la coherencia. Antonio Bienvenida denunció el afeitado, seguramente por convicción, probablemente porque toreaba poco, posiblemente porque quería atraer la atención de los medios informativos. Y se armó una escandalera. Cuenta Clarito en sus Memorias que Antonio reapareció tras el tornado con una corrida afeitada. Opinen.

Manuel Benítez “El Cordobés”, torearía afeitados –supongo- todos los que pudo pero nunca dijo nada, iba a lo suyo. Otros compañeros querían decir algo pero toreaban con él lo que él toreaba porque mandaba e imponía corridas.

Viva la coherencia. No se puede predicar una cosa y hacer la contraria. O tendremos que agarrarnos a la cita evangélica : hacer lo que os dicen, pero no lo que hacen.

Juan Pedro es un pedrisco, Juan Pedrisco, que llena las plazas de minitoros, como el pedrisco llena los campos y se carga las cosechas. Las tormentas llegan de golpe y sus toros de uno en uno, pero qué paciencia hay que tener para aguantarlos.

Y los toreros los siguen toreando y, supongo, que pidiendo, pese a que saben lo que les espera. Igual están más cómodos así aunque generen infartos, por la rabia, entre los espectadores.

Lo que falta –está en sus manos toreras- es que las figuras y sus apoderados rechacen este ganado y se lo tenga que comer este Juan Pedrisco que nos infla a pedradas cada vez que lo anuncian.

Y le recuerdo una vez más que es un Domecq.


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