La inquietud del banquero, artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 21/02/2007
 
Tras el último bombardeo antitaurino que han desatado, por un lado una iniciativa orquestada desde Bruselas, y por otro nuestra ministra de siempre, Cristina Narbona, la gran masa de público que recibe esa información sesgada, partidista y oportunista, anda desorientada e inquieta ante el posible futuro de la Fiesta de los toros.
Esta mañana he ido al banco, con cierta preocupación, ser crítico taurino en esta época no es demasiado rentable. Aquello de ?toma este sobrecito con un suculento dinerito, para que hables bien de mí?, aquello ya pasó a la historia, afortunadamente, y los medios de comunicación en general no nos hacen contratos millonarios, lamentablemente. Así es que cuando entro al banco, y más en este tiempo post-navidad y cuesta de enero, cuando llegan los extractos de algunas tarjetas derretidas, lo hago rezando. Esta mañana mis plegarias han sido escuchadas y, sí, teniendo en cuenta que febrero es más corto, llegaré a fin de mes.

Pero no quería escribir yo de bancos, ni de lamentos económicos, ya me decía mi madre que estudiase para notario. No. La anécdota bancaria la ha protagonizado el cajero de la entidad, no el automático, sino un señor muy bien vestido y simpático al que yo no conocía, aunque él a mi sí. ¡Bien!, esto de ser crítico taurino no da dinero pero te hace famoso, algo es algo. Bueno, famoso, famoso? a lo que iba. El elegante y simpático cajero se ha tomado la confianza de comentarme, y cito textualmente: ?ahora que te veo la boina, quería yo preguntarte cómo está eso de los toros ¿habrá o no habrá ya más toros? ¿los van a prohibir?? pues sí que me conoce este tío, he pensado, porque yo nunca he llevado boina, hoy tampoco, y si este hombre me lo dice así será que es una forma moderna y coloquial de comenzar una conversación. Lo mismo querría decir: ?ahora que te veo el pelo?? pero claro, como yo lo de pelo, pelo? sólo en el pecho.

Sea como fuere, con boina o sin ella, el elegante y simpático cajero sólo ha hecho que transmitirme una inquietud latente entre la gran masa de la población andante, entre la gran mayoría que no son grandes aficionados ni expertos y que leen o escuchan las ráfagas antitaurinas que nos están bombardeando últimamente. Que no cunda el pánico, señor cajero; que no cunda el pánico.

Pese a la bien orquestada campaña de acoso y derribo a la que nos tiene sometidos la ministra de medio ambiente, Cristina Narbona, y pese a la nueva ofensiva europea que nos llega desde Bruselas, estoy convencido de que no lo van a conseguir. No es de recibo que yo me meta en las cuestiones de la casa del vecino, y no lo hago, así es que no es de recibo que sin conocer a fondo nuestra cultura y tradiciones, nuestros vecinos europeos sentencien qué debemos y qué no debemos hacer en nuestra casa. Así es que no me preocupa demasiado ese frente. Tampoco es la primera vez que se activa inútilmente.

Más me duele que nuestra ministra continúe en las trincheras luchando cuerpo a cuerpo sin desaliento. ¿Pero qué sórdidas razones tendrá esta mujer para, en nombre propio, atacar de la forma que lo está haciendo a la Fiesta? Es más, aprovecha cualquier ocasión, venga o no a cuento, para meter cizaña. La última el lunes, mientras daba una rueda de prensa para explicar la situación del carguero holandés Ostedijk que sigue desprendiendo emanaciones tóxicas frente a las costas de Lugo. ¿Y qué tendrá que ver una cosa con la otra para que ella lo interrelacione? Pero lo peor fue que se sacó un dato de la manga, de la manga de la mentira, y apuntó que sólo un 8% de los españoles son partidarios de los toros, un dato que habrá soñado ella y que contrasta con una encuesta seria realizada rigurosamente por El Mundo-Digma Dos según la cual la mayoría de los españoles son partidarios de las corridas de toros.

Cuando yo iba al cole, a los Hermanos Maristas, a los mentirosos les castigaban, y a los reincidentes les expulsaban. Habrá que seguir el desarrollo de este culebrón. Habrá que examinar con lupa los diferentes programas políticos en materia taurina de cada partido antes de acudir próximamente a las urnas. Habrá que exigir a quienes queremos que nos representen un compromiso con la Fiesta. Y a los mentirosos, habrá que denunciarlos, que por mucho menos que eso cualquier mindundi de la prensa rosa interpone una querella. Ya lo decía mi padre: ?siempre con la verdad por delante?.

Que no cunda el pánico, señor cajero, no creo que puedan con nosotros, aunque no sería bueno que el mundo taurino permaneciese impasible. Las reacciones deben producirse a tiempo. Después, los lamentos no sirven para nada. De momento, una serie de parlamentarios de diferentes ideologías pero unidos por su afición, han puesto de largo una iniciativa para la defensa de los toros desde la vertiente política. Buena cosa.

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