| |
Con mucho cariño, nuevo artículo de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 30/08/2009 |
| |
Otro año triunfan en sus ciudades los llamados toreros locales que después no pueden o no saben hacerlo en las plazas extrañas. Este artículo repasa esta situación.
Con mucho cariño
por Ricardo Díaz-Manresa
30-agosto-2009
Con mucho cariño tratan a los toreros en sus ciudades pueblos y regiones. Y allí triunfan, pero después gran parte de ellos no puede repetir esas tardes fuera de sus fronteras familiares. Son los llamados toreros locales. Hace muy pocos días, Juan Miguel Núñez, daba la clave desde Almería : “Triunfo de Torres Jerez, con mucho cariño”.
Sí, pero después, qué. Es como niños y jóvenes que son muy bien tratados en casa y responden bien y se desarrollan mejor pero después salen a la vida y no dan una, por falta de carácter, de apoyo, de fuerza interior, de ambición, de capacidad de trabajo, de ganas de superar adversidades o lo que sea. Cuando les falta el cariño, mucho o poco, se desvanecen. También les pasa a los demás seres humanos que no son toreros. Sólo siguen para adelante los que aprietan los dientes y tienen ambición y condiciones.
Hubo un torero en Albacete, creo recordar que se llama Antonio Rojas, que toreaba divinamente durante la gran feria de la querida capital manchega. Profundo, templado, largo, elegante, completo. Después llegaba a Madrid y ni la mitad y, claro, escaseaban los contratos para las demás plazas. Era bueno de verdad en Albacete y mucho menos bueno fuera de su pueblo.
Les pasa a Torres Jerez y Ruiz Manuel en Almería, a José Calvo en Valencia, le ocurría a Juan Diego en Salamanca, a los locales de Sevilla que no funcionan después. Vascos y navarros se han empeñado siempre en sus pocos toreros, pero prácticamente ninguno fue figura. El único caso distinto es Madrid porque a los del Foro no les hacen ni puñetero caso como no valgan.
Rafaelillo se quejaba, cuando sólo toreaba en Murcia, de las injusticias del toreo. Tuve que replicarle en un coloquio que ni hablar, que los que valen casi siempre emergen y ahí lo tienen. A Pepín Liria no le hizo falta para salir a las ferias el cariño de Murcia aunque lo tuvo y mucho. Y ya vieron que Alfonso Romero hizo hace pocos años una gran faena en el coso de La Condomina, calificada por la crítica como una de las diez mejores de la temporada, lo apoderó entonces Simón Casas y lo estrelló con una de Cuadri en la de abril de Sevilla y otros encierros en Madrid inapropiados para esa clase de torero. Y ahora, vuelto a las fronteras, Murcia le da cariño pero no contratos.
Así que el pueblo debe tratar con cariño, con mucho cariño, a los toreros locales pero también decirles de alguna manera que deben apretar fuera y que cualquier oportunidad es decisiva para poder levantar cabeza. Que los paisanos hacen lo que pueden hacer pero que el futuro depende de ellos.
Ser torero local siempre es fracasar. Deberían pensarlo y dejar paso a otros que intenten el triunfo.
Comentarios
Sin comentarios
|
|
|
| |
|
|