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La televisión que padecemos, artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 15/02/2007 |
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Una famosilla llamada Aída robó unas muestras de perfume en el aeropuerto de Barajas, a raíz de lo cual concedió una exclusiva televisiva para explicar que todo eran falsas acusaciones, aunque al final acabó declarando su culpabilidad. Interesantísimo. Sólo los espacios taurinos consiguen evadirme de la gran bazofia en que se ha convertido gran parte de la programación televisiva
?Esta tarde estaré en el programa ?A tu lado? para contar en exclusiva que yo nada tuve que ver con el robo de unas muestras de perfume en el aeropuerto?. Como lo leen. Así de clara y concisa se mostraba hace apenas unos días Aída, creo que así se llamaba la "sujeta" en cuestión, que anunciaba en Aquí hay Tomate que en el siguiente súper programa estaría concediendo tan importante y jugosa entrevista. Noticia de alcance, máximo riesgo, la seguridad del estado está en peligro, los secretos del gobierno de la nación en entredicho ?el robo de unas muestras de perfume en el aeropuerto? ¿Pero en qué país vivimos? ¿Pero qué televisión tenemos?
Una televisión que ha sembrado una audiencia banal, intrascendental, cuanto más despreocupada mejor. Una televisión carroñera que presenta carnaza lista para ser devorada, sin más profundidad. Una televisión que paga a cualquier analfabeto indocumentado para que de espectáculo, que paga a maltratadotes psíquicos por el hecho de serlo, cuanto más se descuartice al semejante mejor. No importa la gente, no importa el ser humano, importa la audiencia que proporciona devorar a alguien en directo, vilipendiar, insultar, ultrajar.
La consigna es destrozar al prójimo. El mensaje es: No ponga a estudiar una carrera a su hija; que se acueste con fulanito y la sacaremos en la pantalla, es más rápido que estudiar, más placentero y da más dinero. Una televisión sin escrúpulos, sin valores, sin méritos, en la que cualquiera se cree con derecho a juzgar sin saber nada, sin profundizar en las cuestiones ni en las personas. Como Decía Alex de la Iglesia, da asco-pena.
Se ha perdido por completo el código deontológico humano, el que establece las normas mínimas de actuación, las obligaciones éticas, los principios de profesionalidad? y los mismos que a diario se dedican a airear chabacanamente intimidades ajenas de nulo interés para el resto de mortales -así lo pienso yo-, ora despedazan al famosillo de turno, ora desmenuzan las hipotéticas razones del suicidio de Érica Ortiz Rocasolano. Tertulianos-expertos para todo, un chollo. Menudo panorama televisivo. ¿A dónde iremos a parar? Y entretanto la ministra de medio-ambiente callada ¿Será que los buitres son especie protegida?
Guasas aparte, que nadie se sienta aludido, si es que alguien de los interesados me está leyendo. Porque hay excepciones, siempre las hay. Pero si uno de esos Judas me viene preguntando aquello de: ¿Te refieres a mí? yo le contestaré: no mi judas, no mi judas. Menos mal que la temporada taurina ya mismo comienza, y los escasos programas taurinos de los que podemos gozar conseguirán que me evada de tanta bazofia, al menos eso espero.
Aclaración: A Dios pongo por testigo que lo de la tal Aída lo vi por casualidad, haciendo zapping mi señora esposa, que yo practico con el ejemplo y no veo el Tomate porque me produce indignación y me suele dar malestar general. A Dios pongo por testigo. Yo soy de Tendido Cero y de Espai Taurí, y sobre todo de Avance Taurino, que aunque no tenemos polígrafo decimos de verdad lo que pensamos que es cierto, de buena fe. Por cierto, me he enterado que la tal Aída sí que robó las muestras de perfume. Seguro que la denuncia no será tan gorda como lo que cobró por la interesantísima exclusiva.
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