Otra vez, nuevo artículo de Ricardo Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 13/02/2007
 
Otra vez corren vientos preocupantes desde la Unión Europea para las corridas de toros. Sea verdadero o falso el objetivo reiterado de prohibción del espectáculo taurino en todo su territorio, ahí está.
Otra vez corren vientos preocupantes desde la Unión Europea para las corridas de toros. Lo que interesa destacar es que ese movimiento  se mantiene vivo y  surge cíclicamente, un enemigo que nos quiere matar, una manera de cercenar la libertad de muchos europeos y de cargarse una tradición y una cultura milenarias. Y una forma de asesinar animales a cientos ?la crianza del toro ya no tendría sentido- y cargarse una raza extraordinaria que, además, ayuda y ¡cómo! a mantener el equilibrio ecológico y, en consecuencia, a  la supervivencia de otras especies.

Y lo más preocupante de todo es que lo quieren hacer para que, supuestamente, los animales no sufran mientras les importa un pito el dolor de las cornadas de los hombres e incluso que mueran. Un pito.
 
Para ellos el animal irracional es más importante que la persona. Les da igual que cientos de semejantes mueran cada semana en las carreteras. Ven lógicos tantos asesinatos diarios por medio del aborto sin que muevan un dedo para evitarlo. Es más : muchos contribuyen decisivamente a ello aprobando leyes que lo permiten. Aplauden la eutanasia. Toleran  la perversión de la juventud por la drogas. Están encantados con la pornografía televisiva que convierte a las personas en bestias. Pasan de que mueran dos o tres cada año en la París-Dakar. Miran para otro lado ante los fallecidos en los circuitos profesionales de motos y bólidos. No les inquieta la cantidad de vidas que se cobra cada año la montaña y no legislan para evitarlas. Y así miles de casos y situaciones, pero ¡ay, que no sangre un animal que me mareo¡ Me los como después, pero me mareo.
 
Han puesto a los de cuatro patas por encima de los racionales. Un perro o cualquier otro animal vale más para ellos  que un ser humano. Los aficionados a los toros -que aman casi todos a los animales más que ellos- no quieren prohibiciones de ningún tipo. Sólo que los dejen tranquilos y puedan disfrutar del rito. Y los taurinos, ¿qué? Cagaos, egoístas, callados, escondidos y pasotas por los siglos de los siglos.


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