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Otra vez a la carga, opinión de Luis Alonso
Por Luis Alonso 12/02/2007 |
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Antitaurinos haylos desde siempre. Desde el siglo XV al XIX han sido muchos los personajes que no comulgaban con la Fiesta de los toros.
Desde Alfonso X ?El Sabio? hasta Eugenio Noel, pasando por papás como San Pío V, Sixto V; eclesiásticos como el padre Juan de Mariana, Juan de Sarmiento, Feijoo; poetas que censuraron la Fiesta, como Quevedo; escritores como Cadalso, Jovellanos, Iriarte, Meléndez Valdés, Nicolás Fernández de Moratín, al lado de otros que estuvieron decididamente en contra tales como Larra y Fernán Caballero.
Después vienen los ?krausistas? donde surgen la división de opiniones: pues mientras Ginér de los Ríos se decanta por el ?no a los toros y al tiro de pichón?, Menéndez Pelayo considera que ?La Tauromaquia es una terrible y colosal pantomima de feroz y trágica belleza. Un arte capaz de producir belleza?. Y el ?Conde de las Navas? consideró a las corridas de toros como: ?El espectáculo más nacional?
Sigue el transcurso de la historia de España, y llega la ?Generación del 98? donde la mayoría de sus integrantes son antitaurinos (Azorín, Pío Baroja, Ramiro de Maeztu, Miguel de Unamuno -molesto porque el pueblo conociera más a los toreros que a él-) alguno ?nada entre dos aguas? (Jacinto Benavente) y sólo José María del Valle-Inclán se decanta a favor de la Fiesta a la que admira y llega a decir que ?Si nuestro teatro tuviese el temblor de las fiestas de toros, sería magnífico?.
Llegan los ?novecentistas? (Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Eugenio D?Ors, Gregorio Marañon y Madariaga,), quienes como ?hombres preclaros, reflexivos y con rigor intelectual, no alaban a la Fiesta de los Toros, pero reflexionan sobre ella?, mientras que los menos importantes del grupo (Américo Castro y Luís Araquistain) se definen como antitaurinos.
Pero a quien más se ha querido asemejar nuestra flamante ministra de medio ambiente es a Eugenio Noel otro madrileño, como ella, que hizo del antitaurinismo el eje principal de su vida. El hombre que cambio sus apellidos originarios de Muñoz Díaz por el de su mujer, María Noel. Un cura rebotado que odiaba todo lo que oliera a toreo.
Pero ¿por qué la señora ministra, dotada de talla intelectual pues no en vano es doctora en Ciencias Económicas nada menos que por la Universidad de Italia a donde vivió hasta el año en que murió Franco, no se ha decantado por seguir a Ortega y Gasset en el análisis de lo que es una corrida de toros?. O haber leído con más detenimiento, para comprenderlos, los numerosos artículos taurinos y libros escritos de su señor padre.
Ortega considera el hecho aislado de la acción de torear en sí como una especie de ?cinemática? de ?sutilísima geometría?, un teorema geométrico en el que toro y torero son dos puntos que han de variar en relación el uno con el otro.
Los dos puntos constituyen matemáticamente un ?grupo de transformación? que los aficionados taurinos que no son matemáticos hablan de ?terrenos? y ?querencias?.
Y a la señora ministra la hubiera sido muy útil estudiar estas teorías pues con ellas se actualizan conocimientos matemáticos de vital importancia en economía, y relacionarlos luego con los enormes ingresos que para el Estado genera la Fiesta de los Toros nada menos que 2.000.000.000 de euros por temporada, de los que se lleva limpios de ?polvo y paja? el 50% de los honorarios de los matadores y el 16 % del IVA de esta fastuosa cantidad.
También la actualización matemática sirve, no solo para contabilizar las aves que a través del Estrecho de Gibraltar emigran anualmente para tierras del continente africano. Para contabilizar los dineros que estos estudios, películas, dietas, viajes de observadores etc etc nos cuestan a todos los españoles (incluidos los taurinos). También para contabilizar las construcciones ilegales de chalets y casas de campo que proliferan más que la ?mala hierba? por la campiñas andaluzas ocupando cañadas y terrenos agrícolas y finalmente también, para contabilizar los cerca de 1.000.000 de afiliados, con los que, a través de sus Peñas Taurinas, cuenta la Real Federación Taurina de España que vienen a representar la décima parte del electorado necesario para ganar unas elecciones generales.
Ahora bien si todo esto no es interesante y lo que se pretende es desviar la atención de otros problemas más sanguinarios, pues adelante qué con estos ?globos sonda? le puede ocurrir a nuestro Presidente del Gobierno lo que hace años le ocurrió a Fernando VII y a ?Pepe Botella? cuando quisieron acabar con la Fiesta de los Toros sin analizar previamente las condiciones históricas, sociológicas y psicológicas que determinaron que los toros se implantasen en la Península Ibérica.
Sr. Zapatero llame ?al orden? a sus aláteres, puesto que ?sin saber de toros no se puede hacer la historia de España desde 1650?.Y en cuanto al tema sangriento le remito a lo que Ortega y Gasset escribió al respecto: ?Hay un caso en que la sangre no produce asco: cuando brota en el morrillo del toro bien picado y se derrama a ambos lados bajo el sol, el carmesí del líquido brillante cobra una refulgencia que la transubstancia en joyel. La excepción única que conozco, es tan extraña como la regla que quebranta?.
Controle a los componentes de su gabinete de gobierno, para que construyan algo y dejen de destrozar lo arraigado, pues se mueven como paquidermos en una cristalería.
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