Me gusta Chiquito y detesto a los cocodrilos, entre otras cosas. Artículo de Carlos Bueno
Por Carlos Bueno 17/06/2009
 
El mundo no es como nos lo pintan los directores de marketing y publicidad. Lo he visto claro en un irrespetuoso spot publicitario que protagoniza el gran Chiquito de la Calzada.
avance Por diversas circunstancias que no vienen al caso, un día de la pasada semana me tocó ver más tele de lo habitual en mí. Y digo me tocó porque no fue nada buscado ni premeditado, ni siquiera medianamente placentero. La experiencia sólo sirvió para indignarme aún más de lo que me solía indignar cada vez que hace un tiempo me sentaba frente a la caja audiovisual con la esperanza de ver algo que mereciese la pena. Mis lectores más fieles seguro que recordarán varios artículos en ese sentido.

A lo que iba: En esta ocasión me encontré con mi admirado Chiquito de la Calzada que resulta que se ha prestado a protagonizar una campaña que, de una u otra forma, ni muestra respeto por él ni por los millones de españoles que reímos con él. Una cadena de restaurantes de dudosa calidad alimenticia, afirma que antes nos hacían gracia los chistes del malagueño, pero que afortunadamente en España hemos madurado y ahora sabemos apreciar la calidad, como la de los helados que ellos promocionan. Ni uno más probaré yo.

Al momento, en uno de tantos programas basura me encontré con Laly Bazán, la tía de Jesulín de Ubrique. ¿Queda alguien del clan por salir? La señora tiene de todo menos clase y finura, y se dedicó a meterse cuanto le vino en gana con Belén Esteban, la ex de su sobrino, que ya ni pincha ni corta en la familia Janeiro. ¡Qué interesante! Y lo peor no es que salga esta señora a despotricar ordinarieces que a nadie incumben, lo peor es que haya quien le dé cancha para que pueda vomitar sandeces con la simple intención de adquirir protagonismo.

Cambié de cadena rápidamente y me topé con un documental sobre animales, en concreto sobre cocodrilos, que me corroboró dos cosas: que los documentales son lo mejor de la televisión, y que los cocodrilos siguen cayéndome mal, los detesto desde niño por asquerosos, traicioneros y peligrosos.

Harto de bodrios y de inmundicias pronto cambié la caja tonta por el periódico con la esperanza de subir el nivel intelectual, y lo primero que leí es que el ayuntamiento de Valencia estudia poner más cámaras de vigilancia para evitar los continuos destrozos que el mobiliario urbano viene sufriendo últimamente. Por culpa de pecadores lo pagarán los justos, y esto acabará pareciendo Gran Hermano.

Pasé página y me encontré con que un trabajador ilegal había perdido el brazo en una panificadora. El dueño del negocio le acompañó hasta la esquina del hospital y allí lo dejó aconsejándole que no dijese que el accidente había ocurrido trabajando, y acto seguido tiró el brazo al vertedero. ¿Pero en qué país vivimos? ¿Es este el afortunado cambio y maduración que hemos sufrido en España que dogmatiza el spot de Chiquito? ¡Vaya panorama! Si hemos cambiado ha sido a peor.

Afortunadamente a algunos nos quedan reductos donde desintoxicarnos de tanta contaminación. Uno de los míos es una plaza de toros, donde nadie se mofa de lo que hicieron otros toreros de antaño, donde los protagonistas son quienes exponen sus vidas en el ruedo, donde los animales son guapos y nobles, donde el público se comporta de manera ejemplar con los partidarios de otros toreros y también con el mobiliario urbano, y donde la caballerosidad, la dignidad y el respeto son cualidades que suelen imperar.

PD: Por favor, Chiquito, no te vuelvas a prestar a memeces del tipo de la última publicidad, y más llamándote en verdad Gregorio Sánchez. ¡Con ese nombre tan torero...!


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