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¿Un toro más fiero?, nueva opinión de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 10/06/2009 |
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El componente ganadero, amén de calidades reputadas por uno u otros, ha cambiado sustancialmente respecto de otras ediciones.
El largísimo ciclo de San Isidro ha terminado y, entre otras cosas de interés, se puede decir que el componente ganadero, amén de calidades reputadas por uno u otros, ha cambiado sustancialmente respecto de otras ediciones. Sobre todo por la pujanza, la acometividad, fiereza, instinto de defensa y capacidad de herir.
Menos devoluciones, más genio si no casta, y más cornadas, algunas de ellas especialmente graves y la de Lancho con tinte de tragedia próxima, de las que causan respeto enorme por la oposición animal en un espectáculo denigrado muchas veces por entender que el toro es una parte absolutamente inane e indefensa en el teatro montado como acontecimiento.
La explicación sobre el cambio de usos y comportamientos del toro en uno de los muestrarios más observados del asunto taurino, como lo es la feria de San Isidro, tendría que tener una portavocía, por lo menos, en las representaciones ganaderas. Que acrediten si es cierto o solo apreciación de aficionados, si hay alguna causa que fundamente el cambio, si viene de atrás, si es una modificación espontánea, si hay o ha habido cruces genéticos con predominio de unos encastes sobre otros, alimentación, desarrollo. Y claro, luego debería venir la manifestación de toreros y aficionados: si apadrinan este cambio, si es consolidable, si es bueno para la fiesta, si aporta riesgo y por lo tanto adeptos de nuevo cuño que pueden entender que la pugna toro-torero ha virado hasta el punto de ser un espectáculo no menos nuevo.
Si los aficionados han apreciado estas alteraciones y se puede asistir a un nuevo ciclo, una nueva etapa, como las que acontecieron en diferentes hitos históricos del toreo que han preludiado épocas y cortes temporales en su historia. Si los fundamentos de asunción de riesgo integral de toreros como Tomás, Perera, incluso Castella, están induciendo a un cambio de toreo donde gane proporción el elemento exposición física en una lucha agónica y material por la subsistencia.
Tal y como está concebida la disputa del escalafón, se pudiera estar asistiendo a una transformación de la impronta de arte consustancial al toreo en beneficio del azar, del juego con la fatalidad, del peligro.
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