Esplá y la naturalidad, nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 06/06/2009
 
Luis Francisco Esplá pasó por Madrid, al parecer para despedirse de la afición venteña, e impartió tauromaquia sin esfuerzo.
Sí, fue algo así como se decía del inglés cuando había de ser estudiado y al mismo tiempo vencer sus dificultades. Inglés, sin esfuerzo, decía aquella publicidad que quería remontar las dudas de los discentes.

Luis Francisco Esplá pasó por Madrid, al parecer para despedirse de la afición venteña, e impartió tauromaquia sin esfuerzo. Su faena de muleta empezó con las dos manos ocupadas, la derecha en sujeción de los tratos, y la izquierda apoyada en el remate de las tablas, como jugando distraídamente al toro. Ahi se adivinaba la química con la que afrontaba esta última asignatura el maestro de Alicante.

Naturalidad como virtud, explicada al auditorio de Las Ventas con movimientos en torno al toro de Victoriano del Río, en los que nadie podía percibir padecimiento y fatiga alguna. Toro y torero armonizaban sus encuentros con tal facilidad que pareciera que aquello era cosa de dos, cuando la obra iniciada y terminada tenía a un ser humano como pensante y ejecutante de una de las más bellas composiciones de las últimas temporadas.

Las geometrías que se generaron durante diez minutos no eran forzadas por las disimilitudes de sus dos protagonistas, bruto y hombre. La faena nunca tuvo aspereza, dominio y naturaleza abrumadora de cualquiera de los dos oponentes. Su desarrollo tenía un aire estético, mas alejada de la disputa, de la quiebra necesaria de la potencia animal.

Naturalidad, sin forzar, como teatro de lo posible para convertirlo en realidad. Esplá se entregó a la labor bien hecha, con aproximación a la perfección, pero sin estridencias, sin recursos abruptos, sin esfuerzo.

Como el inglés del anuncio.


Comentarios

Sin comentarios

avance