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Esplá bien vale un abono, nuevo artículo-crónica de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 06/06/2009 |
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4ª de la Feria del Aniversario, que tendrá que contar cada año con el aniversario del milagro y resurrección del Gran Esplá. Un adiós redondo como pocos se recuerdan.
Esplá bien vale un abono
por Ricardo Díaz-Manresa
06-junio-2009
El gran Esplá resucitó en Las Ventas. Se produjo el milagro del gran Esplá. Los milagros existen, yo creo en ellos y en la despedida de Madrid de Luis Francisco hemos visto uno. Le salió un toro extraordinario, cesó el viento huracanado, llegó a Esplá la inspiración y estaba en Las Ventas.
El escenario de Las Ventas, tan criticado por muchos, es único, el mejor, nadie como esta plaza para recoger clamores y elevarlos a categoría de históricos, ningún coso ruge como éste (no sé si Insurgentes, en el que no he estado nunca por mi pavor al avión), nadie oirá olés más rotundos, ni ovaciones más compactas, ni delirio más emocionante. Las Ventas. La Gran Plaza. Por eso yo la quiero tanto y me gusta más que ninguna. Porque es el espacio ideal para estos acontecimientos. En ella se llega al cielo.
Por eso me emocioné, me rejuvenecí, se me saltó alguna lágrima y me alegré en el alma por este gran triunfo de Esplá y gloriosa despedida. Sería yo uno de los pocos que haya visto la mayor parte de sus 89 actuaciones en Las Ventas, no sé si torearía mejor en la corrida del siglo o a aquel Victorino que le tocaba al Califa, herido, y que no se dejó sacar a hombros y echó a correr como un gamo con las orejas en la mano. Pero nunca crujió la plaza como hoy.
Plaza de Esplá con cinco puertas grandes. Plaza muchas veces caprichosa e injusta por de más o por de menos. Recuerdo muy a menudo aquella frase de Paco Ojeda : Madrid se enfada por nada y se entrega por nada. Algo de exageración hay y algo de verdad, pero cuando se entrega de verdad, como con Esplá, es por algo fuera de serie. Madrid entonces sí que calibra y valora muy bien esos momentos. Las Ventas. La Gran Plaza. Por eso sueñan con ella los toreros, los que pueden dormir porque verse anunciados les quita el sueño.
Y el abono, o los tres abonos –Comunidad, San Isidro y Aniversario- tan aburridos pesados y decepcionantes se tornaron espléndidos por una sola faena. Sé que París bien vale una Misa y he aprendido que Esplá bien vale un abono.
El milagro de la resurrección de Esplá, que llevaba muchas temporada grises y falto de facultades, se dio porque, de repente, como si lo hubiese producido el toque de una varita mágica, todas las circunstancia se pusieron a favor : toro de vuelta al ruedo, torero entregado, público entusiasta y meteorología a modo. Y la montera quedó boca arriba tras el brindis a Madrid. Para que luego digan…
¡Cómo recordará Esplá esta tarde, cómo no podrá olvidar esa montaña de pañuelos, cómo disfrutará evocando esas dos vueltas al ruedo, cómo se derretirá viendo una y otra vez toda la plaza puesta en pie aplaudiendo!
Otro torero triunfador fue Morante, pero no por su toreo, casi imposible en sus dos toros por el viento y por los victorianos, sino por torero compañero. No se puede dar una lección mejor de detalles humanos con el que se iba. Se quedó saludando muy discretamente pegado a tablas cuando la gente le recordaba por su gesta del capote en su corrida anterior, rompió a aplaudir a Esplá junto con el público, le pegó un abrazo después de la gran faena y finalmente le brindó el quinto, sólo le faltó sacarlo a hombros, aunque lo hizo fenomenalmente y le correspondía a su hijo Alejandro, novillero de esperanzas. Gran compañero Morante, sensible y humano.
La afición iba a ver a Morante y quizá a Castella y se encontró con el mejor Esplá. Morante estuvo como tenía que estar, sin toros de una corrida muy bien presentada de Victoriano del Río, mejor, mucho mejor que los cuatro de Beneficencia.
Y el francés Castella se empeñó en jugársela contra el viento y contra su cabeza. No se puede llevar al toro al centro del ruedo en tardes como ésta que lo lógico sería suspender, pero ahí queda su manera de tragar y de asustar. Y luchar a cuerpo descubierto contra las tempestades.
Salimos de la plaza convencidos de que los milagros existen. El que no se lo crea que pregunte por Esplá, natural de Alicante, 51 años, 33 temporadas de matador , 89 paseíllos en Las Ventas –inmediatamente después de Antonio Bienvenida- y cinco puertas grandes en Madrid
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