Daniel Luque, en la oposición, nuevo artículo de Antonio Campuzano
Por Antonio Campuzano 05/06/2009
 
Afirmó su deseo de imposición ante la fuerza telúrica y despiadada de un animal en su hora final.
Daniel Luque ha aprovechado su doble presencia en Madrid, ante lotes de especial complejidad, para afrontar este curso artístico con iguales medidas que las empleadas por los habituales de los cursos políticos.

Luque es ya firme y no tan leal oposición, porque entre sus decisiones resulta meridiano su protagónico y estelar papel de alternativa al establishment , es decir, quiere arrebatar algún puesto de los que ahora se encuentran por delante suyo en este escenario de la torería actual.

Su demostración con los trastos ha obtenido reconocimientos varios, pero lo la corrida de El Pilar, especialmente su segundo toro, sin el concurso de telas, ya volteado al entrar a matar confirió al personaje un aura de vencedor del terror solamente en posesión de algún elegido. Levantado en el encuentro en el platillo del ruedo, el sosias del portero del Real Madrid Iker Casillas, transmutado en torero de Gerena, Luque para los escalafones, afirmó su deseo de imposición ante la fuerza telúrica y despiadada de un animal en su hora final. Hay un instante interminable en que los rostros de toro y torero se funden en un plano decisivo por salvar la vida y procurar la muerte, el uno y el otro, desproporcionadas dimensiones el uno y el otro, juntos en la arena, en la boca de riego, en una angustia prolongadísima y solo interrumpida por los vuelos de los capotes. Y Luque apenas se jugaba nada, quizá la consideración de una plaza ya hastiada de tanto festejo.

Eso sí, estaba sobre el tapete de juego el papel de oposición al gobierno del negocio taurino, al que opta el aventajado sevillano, ya casi en situación de conmilitón de las figuras de inobjetable cima.

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