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Tirando de pico. Anecdotario taurino de Francisco Picó
Por Francisco Picó 02/06/2009 |
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Pepe Cerdá, torero, fotógrafo y un hombre singular
Tuve muy buena relación con Pepe Cerdá, gracias a Paco Domínguez. Viajabámos a varios sitios, sobre todo a Algemesí donde Cerdá era una institución.
Pepe se situaba en un determinado sitio en el burladero del rincón que hay debajo de la presidencia, hasta que un día sus mermadas facultades físicas obligaron a Óscar, el delegado gubernativo, a cambiarle de localidad y cederle un asiento en la primera fila.
Domínguez le aupaba por la escalerita de acceso al “cadafal”. Recuerdo que un día con esa gracia que tenía le dijo ¡Collons, Paco, aún me haces tú más inútil de lo que estoy!
Se celebraba en Valencia una corrida de la feria de la Comunidad, un par de meses antes de su fallecimiento.
Paco Domínguez lo llevaba renqueante del brazo por el callejón hasta su burladero habitual.
Al pasar por el burladero de apoderados, unos aficionados de Valencia que ocupaban unas barreras comenzaron a gritarle ¡Pebrera, lengua santa, boquita de veneno!
Cerdá sin levantar la vista les contestó: hijos de p…
Anduvo unos pasos más y levantó la cabeza para saber quienes eran los vociferantes.
Cerdá sentenció: hijos de p… sois no me he equivocado.
Domínguez aún se está riendo.
Fotógrafo de Blanco y Negro
Mi recordado y llorado maestro Vicente Zabala, que ejercía entonces la crítica en Blanco y Negro, me llamó un día desde Madrid, para decirme: Paco habla con Pepe Cerdá para ver si acepta colaborar en Blanco y Negro.
Pepe, me dice Zabala que si quieres colaborar en Blanco y Negro podrías empezar en la feria de la Magdalena de Castellón.
Claro que acepto. Blanco y Negro es una revista de gran prestigio.
¿Qué tengo que hacer fotos y texto?
No, Pepe, solamente las fotos.
¿Cuánto me van a pagar, Paco?
500 pesetas.
¿Al mes?
No, Pepe por cada foto publicada.
Casi le da un patatús, Recuerdo que en el semanario “El Mundo de los Toros” que se editaba en Palma de Mallorca le pagaban las fotos a 5 y 10 pesetas.
Cerdá se desplazaba en tren todos los días a Castellón y por la noche yo acudía a la estación para que me entregase los negativos.
Un día le pregunté. ¿Qué tal en Castellón, Pepe?
Mira Paco, menos la máquina y yo todos han tomado por el cu…
Por razones obvias no voy a mencionar cual era el cartel de esa tarde.
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