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El mundo injusto y evitable de los Lanchos, nuevo artículo-crónica de Díaz-Manresa
Por Ricardo Díaz-Manresa 28/05/2009 |
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Injusto por la preparación, experiencia y condiciones en las que vienen a Madrid. Y evitable porque hay fórmulas para que vengan cuando tiene que venir. No al circo romano o a la ruleta de la fortuna. En la 21 de San Isidro se vió claro
El mundo injusto y evitable de los Lanchos
por Ricardo Díaz-Manresa
28-mayo-2009
Este artículo-crónica es un grito de dolor y solidaridad con el mundo injusto y evitable, muy injusto y perfectamente evitable, de todos los Lanchos de la Tierra ante la desgracia de Israel Lancho en la 21 del crucigrama isidril.
¡Qué rabia siento porque pasen estas cosas, qué dolor como si la cornada me la hubieran dado a mí, qué impotencia porque siempre le pasa a los débiles!
Cómo me jode tener que ver ante mastodontes en este San Isidro a toreros poco preparados porque apenas han toreado, cómo me pongo en el lugar de los que vienen sólo a una y…es la primera del año, cómo se me revuelve el estómago porque sé que la mayoría no van a triunfar aunque les salga el toro bueno, lo que es un milagro.
Viene Lancho con apoderado, Rafael Corbelle; con asesor artístico, Andrés Vázquez, el viejo Mazariegos de Villalpando; con otro apoderado o ayudador, al que le brinda un toro “porque le ha dado de comer durante el invierno” etc. Y todo ese equipo no sabe –lo tiene que saber- que la preparación de Israel ¿es la adecuada? ¿No le he oído yo muchas veces a Andrés Vázquez cómo se mata?
¿Qué es lo que pasa? Que se acumulan los años, pasan los días, las oportunidades son tan pocas como los oasis en el desierto, se atropella la razón, se piensa en las noches que vendrán después de que no pase nada, en el dolor que supone, en la desesperación que conlleva y se cuelga uno del pitón. Esa situación es la culpable de la cornada.
Pero, ¿es normal venir la primera de la temporada a la presión de Madrid y con estos toros de Madrid y de Palha?. La tragedia de Madrid no es que los carteles sean malos con toreros que no torean prácticamente más que aquí, la tragedia es venir a una sola, la primera de la temporada o la segunda como mucho. Los casos de Serranito, Paulita, Fernando Robleño, Ambel Posada, Luis Vilches etc Y el mismo Israel Lancho y hasta el Payo, con más porvenir pero a jugársela a una carta y a ver lo que sale.
Un mundo injusto que puede dar cornadas, un mundo injusto que pone a toreros que no debe poner en el momento que no deben ponerlos con toros que pueden sobrepasar su capacidad, aunque lo de San Isidro parezca una oportunidad y a algunos les suene la flauta. A tan pocos
Y no los pone a lo largo de la temporada con corridas de menos presión y ambiente más tranquilo para que puedan desarrollar lo que llevan dentro.
Israel Lancho seguro que sabía cómo se entraba a matar, pero entró al te mato o me matas para que lo repitan el año que viene, o se equivocó –que creo que sí- al ponerle la muleta donde la puso y no tener en cuenta la distancia de pitón a pitón del portugués.
Y la mala suerte. Si pudiéramos ver las cogidas de Francisco Pajares el pasado lunes -ocho hachazos en dos secuencias y nada- o las de Rivera Ordóñez en Sevilla –cuatro viajes para matarlo y ni un rasguño- o las de otros matadores y banderilleros en estas ferias, cogidos por el pecho, pero enganchados los pitones, gracias a Dios, en la chaquetilla o en otros casos en la faja. La suerte de unos y de otros.
Y mundo evitable trayendo sólo a los que hayan toreado un mínimo de corridas u otras fórmulas que certifiquen que están suficientemente preparados como la que Antonio Campuzano adelantaba aquí, en AVANCE, sobre la experiencia de los novilleros y su paso al mundo de los grandes. Todo menos este circo romano y este drama, que nos recordó y mucho a la cornada de Montoliú. Y menos a la de Yiyo. Y algo al que cayó también en Sevilla, banderillero como el valenciano, el mismo año y en la misma plaza, Soto Vargas, el último de la lista.
De los compañeros no diré nada. Sí que hubo un cuarto toro bueno y un quinto muy bueno, pero estamos en las mismas y con una presentación, ¿excesiva?, que no han visto quizá antes. Uno tenía fama de artista, Paulita, de ahí el apodo, y otro de haber hecho cosas buenas en Albacete y Zaragoza, pero ¿cuándo y cuánto tiempo hace y cómo son las ilusiones de entonces y de ahora? Y encima el viento que te desquicia.
Y como final la falta de sensibilidad del público ovacionando al mayoral –justa o injustamente pero soberanamente inoportuno- cuando un torero acababa de ser brutalmente corneado y no se sabía cuánto pero sí mucho. Puede que los antitaurinos aprovechen estos detalles.
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